“La Hechicera”

Género: suspenso romántico paranormal

 

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Barnes & Noble, Kobo, Apple iBooks,Google Play:https://www.books2read.com/u/mV7vyJ

Extracto:

Prólogo

 

Kenia- Hace veinte años

 

 

Kinjia observaba aprensivamente los acontecimientos que la rodeaban. Se encontraba con otras seis muchachas a quienes no conocía, todas vestidas con ropas que nunca habían poseído antes, con joyería tribal deslumbrante pero que jamás habían usado con anterioridad y con sus cabellos trenzados en largas rastas.

Cada una de ellas había sido alejada de su familia una semana antes, tiempo durante el cual no habían visto más que caras extrañas. En el caso de Kinjia lo último que recordaba de sus familiares era el rostro bañado en lágrimas de su hermana mayor. Sus padres habían ignorado sus preguntas sobre el propósito de aquel acontecimiento.

Todas las muchachas eran vírgenes de edades entre los catorce y los dieciséis años, y eran la flor del poblado de la etnia Kikuyu situado en un rincón remoto de condado Baringo, en un paraje desértico en el que las tribus apenas sobrevivían del producto de la tierra, en un contexto de pobreza generalizado.

Kinjia jamás había estado fuera del poblado, ya que las muchachas eran estrictamente controladas hasta la edad en que contraerían matrimonio, con sus libertades restringidas al máximo, a diferencia de los muchachos de su misma edad que acompañaban a sus padres en sus labores en los campos o salidas de caza, que a veces tenían consecuencias mortales.

Kinjia era afortunada porque su familia no practicaba los salvajes ritos de mutilación femenina, en el que se llevaba a cabo la ablación de algunos órganos genitales, entre ellos el clítoris, para asegurar la pureza de las jóvenes hasta el casamiento. Como el ritual era llevado a cabo por curanderos en condiciones precarias de salubridad usando cuchillos y en ocasiones hasta trozos de vidrio, la mortalidad de las muchachas por infecciones era relativamente alta. Por esa razón su familia no la llevaba a cabo ya que ponía en peligro la vida de las muchachas y con ello el potencial incremento patrimonial de los padres.

Lo que ni Kinjia ni ninguna de las otras seis muchachas sabía era que mientras ellas eran mantenidas de pie en medio de la desolada llanura vestidas en la forma descripta, en la aldea se llevaban a cabo arduas negociaciones entre sus padres y sus futuros maridos, en general hombres mayores que las niñas jamás habían visto, que normalmente tenían otras esposas de diversas edades y algunos de ellos de aspecto asqueroso. Las tratativas tenían por objeto determinar las dotes que los maridos pagarían por las muchachas a sus familias, las que estaban basadas en la belleza de la virgen. Kinjia ignoraba entonces que su pretendiente había convenido entregar veinte cabras, un camello y dos vacas por ella, un precio realmente exorbitante para una aldeana común y corriente, por lo que su padre se hallaba sumamente contento del pacto establecido.

 

Tanto el casamiento forzado de niñas y adolescentes como la mutilación ritual están estrictamente prohibidas en Kenia desde la época de la colonia inglesa, pero las tradiciones tribales tienen mucho más peso y originan más obediencia que la ley escrita por lo que se siguen practicando aun hoy día.

 

Un par de hombres en atuendos guerreros se aproximó y tomó por los brazos a una de las niñas, la que comenzó a gritar y patalear tratando de zafar de su situación de sujeción mientras era arrastrada hacia las chozas con el objeto, ignorado por ella, de ser entregada a su marido y comprador.

Las demás muchachas comenzaron a agitarse e intentar escapar pero varios hombres igualmente ataviados las tomaron en sus brazos y las redujeron. Kinjia había permanecido muda y quieta por el terror, de modo que el hombre que se acercó a ella estaba confiado en que no opondría resistencia, pero cuando se hallaba a dos pasos de la niña ésta se puso inesperadamente en movimiento, golpeó a hombre en la cabeza con una especie de bastón que le habían entregado como parte del atuendo matrimonial y se lanzó a correr por la planicie con una velocidad que ni siquiera ella sabía que podía desarrollar.

El hombre golpeado se repuso del atontamiento e inmediatamente salió en pos de Kinjia mientras que varios otros intentaron unirse a la persecución. En ese momento toda la tensión acumulada por el resto de las niñas estalló y cada una trató de salir corriendo en varias direcciones llevada por el terror. Los hombres vacilaron al ver el desorden totalmente inesperado e intentó atrapar a las muchachas en una acción completamente desconcertada.

Kinjia corrió como si sus pies se hubieran convertido en alas y no tardó el dejar atrás a su perseguidor, un hombre mayor al que finalmente los placeres de una vida disipada en la aldea cobraron su precio y cayó exhausto en tierra, cesando en su persecución.

La joven siguió su marcha veloz hasta que al darse vuelta constató que ya nadie la seguía, razón por la cual aflojó el ritmo y se contentó con trotar durante horas.

Un sentimiento de júbilo por la inesperada liberación invadió su joven pecho, sensación que experimentaba por primera vez en su vida y que jamás la habría de abandonar, convirtiéndose su recuerdo en un refugio para los momentos de ansiedad que habrían de sobrevenir.

Al cabo de un tiempo otro sentimiento se unió a la alegría por la libertad recién conquistada. La planicie yerma y desierta iba dejando lugar a un matorral cada vez más compacto que se transformó progresivamente en un bosque tropical cerrado. Recién entonces Kinjia se percató de que se hallaba perdida en un medio en el que jamás había estado, y del que había oído de niña relatos horribles referidas a bestias furiosas. La cabeza le daba vueltas por la fatiga y la continua descarga de adrenalina y no reparó en un nuevo peligro, las raíces de árboles escondidas entre la maleza alta. La muchacha tropezó y cayó pesadamente en el suelo, su cabeza golpeó con el tronco del mismo árbol y Kinjia perdió el sentido, rodando hasta que su pequeño cuerpo quedó en una hondonada angosta y profunda. Las sombras se apoderaron de su mente. No sintió la lluvia torrencial que se desató momentos más tarde llenando parcialmente el hoyo en que se encontraba la muchacha.

 

Kitwana continuaba corriendo a pesar de su edad. Su cuerpo fibroso era liviano y sus fuertes piernas aun lo mantenían. Los Masáis habían sido un pueblo de veloces corredores por incontables generaciones y la profesión de Kitwana le imponía recorrer largas distancias; por otra parte el encontrarse tan lejos de su aldea en el territorio Masái le producía una ansiedad para regresar a su boma que redoblaba sus fuerzas. La caída repentina de la lluvia torrencial lo obligó a buscar refugio en el bosque cercano y corrió hasta situarse bajo un árbol de ancha copa, aunque sabía que eso acrecentaba las chances de ser alcanzado por un rayo. En medio de la oscuridad del temporal de pronto resbaló en la hierba mojada y rodó por una pendiente hasta llegar el suelo, chapoteando en el agua del fondo del pozo. De pronto, al intentar ponerse de pie su cuerpo rozó algo que no era vegetal. Sorprendido tomó en sus manos lo que parecía un cuerpo humano y se estremeció al pensar que había chocado con un cadáver. Apenado levantó el cuerpo en sus brazos y por su escaso peso se percató de inmediato que era una mujer joven, casi una niña. Resbalando por el barrnaco consiguió emerger del hoyo y depositó su carga en el suelo en un sitio protegido de la lluvia por las ramas frondosas del árbol. Notó con tristeza que el cuerpo estaba helado y que la niña había tragado mucho agua del fondo del pozo, por lo que procedió a frotar su torso y oprimir su pecho tratando de revivirla. Kitwana pensó por un momento que ya nada podía hacer y que la joven estaba muerta, pero en una de sus maniobras de compresión del tórax la muchacha tosió y exhaló por la boca un espumarajo de agua sucia. Súbitamente esperanzado Kitwana prosiguió con sus fricciones hasta que la mujer abrió los ojos y lo miró fijamente en la oscuridad; de repente varios accesos de tos acompañada por vómitos sacudieron su cuerpo hasta que el ritmo de su respiración se normalizó y sus ojos volvieron a cerrarse; el Masai comprobó aliviado que la niña sólo estaba dormida, se quitó la piel de búfalo que abrigaba su cuerpo y cubrió con ella el de la muchacha.

 

El fuerte resplandor de un rayo de sol que atravesaba la fronda del árbol que la cubría despertó a Kinjia de su prolongado letargo. Su cuerpo aterido por el frio nocturno agradeció el suave calor que comenzó a invadirlo con el progresivo desplazamiento solar. Pasó un tiempo antes de que reuniera fuerzas para abrir los ojos y mover la cabeza. Poco a poco levantó el tronco de su cuerpo apoyándose sobre sus codos. Lo que entonces vio la desconcertó. Se hallaba cubierta con una gruesa piel de búfalo que obviamente la había protegido durante la noche; estaba bajo la copa de un frondoso árbol, sitio al que no sabía cómo había llegado. Llegó a sus oídos un suave susurro que prontamente distinguió como una melodía de la cual no comprendía las palabras. Al cabo de unos instantes de desorientación atisbó que sobre un calvero cercano al bosquecillo en que se hallaba se destacaba una figura humana; restregó sus ojos para aclarar su vista y pudo ver a un hombre alto y delgado, bastante anciano y un tanto encorvado, recubierto por una tela de colores rojo y blanco que envolvía su cuerpo. El hombre se acercaba y traía lo que parecía un cuenco hecho  con algún fruto grande el que salpicaba agua por los bordes. Por el aspecto físico y la indumentaria Kinjia reconoció a un Masái, un pueblo muy lejano de su tierra y del que había visto alguna vez algún miembro intercambiando chucherías con los pobladores de su aldea. El rostro del hombre la tranquilizó pues inspiraba confianza.

-¿Has despertado, mi niña?- La pregunta, en realidad una afirmación, había sido hecha en swahili, esa suerte de lingua franca con la que muchos africanos se entienden, por encima de sus dialectos tribales.

-¿Quién es usted?- La aun atemorizada joven contestó con otra pregunta.

-Me llamo Kitwana.

-¿Es usted Masái?

–  Sí, pero no temas. Aunque tengamos fama de guerreros yo soy un hombre de paz.

-¿No me va a hacer daño?

Por la pregunta Kitwana entendió que la muchacha había pasado por experiencias traumáticas que le hacían recelar de sus semejantes. Pacientemente se dispuso a ganar su confianza.

 

El anciano y Kinjia habían estado recorriendo durante cinco días la sabana keniana. Kitwana se dirigía hacia su aldea y había ofrecido a la joven que lo acompañara, dándole seguridad de que sería bien recibida en el poblado por el jefe tribal y sus súbditos. Como la muchacha no tenía ningún lugar donde volver ni conocía a nadie más fuera de su familia accedió a viajar con él, y se puso en sus manos. El hecho de que no intentara abusar físicamente de ella la tranquilizaba.

Una tarde habían acampado cerca de un arroyo y Kinjia había ido a buscar agua mientras que el anciano se había alejado intentando de cazar algunos pájaros o pequeños roedores para cenar esa noche. La joven venía cargando el pesado cuenco sujetándolo con ambas manos y concentrándose en él, por ello no vio que en su camino se hallaba la alforja de Kitwana y tropezó con ella, derramando un poco del líquido sobre el morral y en la tierra. Alarmada depositó el cuenco en el suelo y se agachó para secar la alforja; en ese momento se percató de que la bolsa se había abierto y varios elementos habían rodado sobre el suelo. Kinjia intentó recogerlos apresuradamente antes que el hombre volviera y se diera cuenta de su torpeza; fue en ese instante cuando vio dos objetos extraños que sin embargo le resultaban familiares. Se trataba de una cadena de ocho semillas cortadas por la mitad unidas por un hilo de fibra natural; las semillas estaban profusamente pintadas con colores vivos usando pigmentos también de origen natural.   La muchacha reconoció de inmediato un opele o cadena adivinatoria usada por los chamanes africanos en todo el centro del continente. Kinjia tomó el objeto en sus manos y lo examinó curiosa; estaba concentrada en él cuando en un momento determinado se sobresaltó al sentirse observada; en efecto Kitwana la miraba en silencio mientras sostenía unos pájaros colgando de un hilo.

Aterrada Kinjia soltó el artefacto que cayó en tierra y se puso de pie de un salto.

-Yo…no quería…el cuenco de agua.

Kitwana se acercó sonriendo y le puso una mano sobre el brazo intentando calmarla.

-No temas mi niña. Has descubierto mi secreto. No hay problemas, de todas maneras te lo hubiera contado yo mismo más tarde o más temprano. ¿Te interesa? ¿Quieres saber cómo se usa? Te enseñaré.

A partir de ese día Kitwana fue introduciendo a la joven en los secretos del esoterismo africano, tanto en las artes adivinatorias como en las técnicas más oscuras para sanar o dañar. Explicó la utilización del opele y de otros medios de adivinación con el uso de huesos de animales, así como la selección de hierbas y otros elementos para hacer pociones curativas o mágicas. El anciano se percató de inmediato que la muchacha era muy despierta y curiosa, obvios signos de inteligencia,  y en forma progresiva compartió generosamente con ella sus saberes ancestrales.

Finalmente llegaron a la aldea que era el hogar de Kitwana. Allí el viejo se adelantó y le dijo.

-Espérame aquí. Voy a hacerles saber a todos que vienes conmigo y que estás bajo mi protección.

 

Kitwana demostró ser una persona influyente en la tribu. Kinjia fue aceptada sin protestas por el resto de los miembros de la aldea, que suponían que el chamán la había elegido como su sucesora, y que en el futuro tendría entonces poder por sí misma. Como Kitwana no tenía familia la muchacha fue adoptada por la familia del jefe tribal Nkwame Obonyo, lo que incrementaba su prestigio. Las otras muchachas al comienzo sentían celos por la bella joven y se percataban de que era mirada en forma codiciosa por los jóvenes guerreros, pero Kinjia no daba señales es estar interesada en ellos, de modo que asumieron que, tal como su mentor Kitwana, la muchacha era homosexual de modo que dejaron de celarla.

El hechicero la llevaba consigo en sus excursiones para atender pacientes y se internaban en los bosques y praderas para seleccionar hierbas curativas.

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La Danzarina Tribal

Genres: action and adventure, erotic interracial romance.

Encuentralo en:

Amazon Kindle e-books y edición impresa: http://tinyurl.com/zvtsb2g

iBooks, Barnes & Noble nook, 24 Symbols:https://www.books2read.com/u/bP1NxY

Sinopsis:

Una muchacha africana prospera en Nueva York con un negocio de flores. Cuando se interesa románticamente por un joven blanco advierte que está bajo la influencia de una dominatrix de tendencias sádicas propietaria de una agencia de escorts. Ambas mujeres lucharán por el hombre con diversas armas que incluyen poderes ocultos, hechizos, encantamientos… y también el asesinato.

Extracto:

 

Kenia- Hace veinte años

 

 

Kinjia observaba aprensivamente los acontecimientos que la rodeaban. Se encontraba con otras seis muchachas a quienes no conocía, todas vestidas con ropas que nunca habían poseído antes, con joyería tribal deslumbrante pero que jamás habían usado con anterioridad y con sus cabellos trenzados en largas rastas.

Cada una de ellas había sido alejada de su familia una semana antes, tiempo durante el cual no habían visto más que caras extrañas. En el caso de Kinjia lo último que recordaba de sus familiares era el rostro bañado en lágrimas de su hermana mayor. Sus padres habían ignorado sus preguntas sobre el propósito de aquel acontecimiento.

Todas las muchachas eran vírgenes de edades entre los catorce y los dieciséis años, y eran la flor del poblado de la etnia Kikuyu situado en un rincón remoto de condado Baringo, en un paraje desértico en el que las tribus apenas sobrevivían del producto de la tierra, en un contexto de pobreza generalizado.

Kinjia jamás había estado fuera del poblado, ya que las muchachas eran estrictamente controladas hasta la edad en que contraerían matrimonio, con sus libertades restringidas al máximo, a diferencia de los muchachos de su misma edad que acompañaban a sus padres en sus labores en los campos o salidas de caza, que a veces tenían consecuencias mortales.

Kinjia era afortunada porque su familia no practicaba los salvajes ritos de mutilación femenina, en el que se llevaba a cabo la ablación de algunos órganos genitales, entre ellos el clítoris, para asegurar la pureza de las jóvenes hasta el casamiento. Como el ritual era llevado a cabo por curanderos en condiciones precarias de salubridad usando cuchillos y en ocasiones hasta trozos de vidrio, la mortalidad de las muchachas por infecciones era relativamente alta. Por esa razón su familia no la llevaba a cabo ya que ponía en peligro la vida de las muchachas y con ello el potencial incremento patrimonial de los padres.

Lo que ni Kinjia ni ninguna de las otras seis muchachas sabía era que mientras ellas eran mantenidas de pie en medio de la desolada llanura vestidas en la forma descripta, en la aldea se llevaban a cabo arduas negociaciones entre sus padres y sus futuros maridos, en general hombres mayores que las niñas jamás habían visto, que normalmente tenían otras esposas de diversas edades y algunos de ellos de aspecto asqueroso. Las tratativas tenían por objeto determinar las dotes que los maridos pagarían por las muchachas a sus familias, las que estaban basadas en la belleza de la virgen. Kinjia ignoraba entonces que su pretendiente había convenido entregar veinte cabras, un camello y dos vacas por ella, un precio realmente exorbitante para una aldeana común y corriente, por lo que su padre se hallaba sumamente contento del pacto establecido.

 

Tanto el casamiento forzado de niñas y adolescentes como la mutilación ritual están estrictamente prohibidas en Kenia desde la época de la colonia inglesa, pero las tradiciones tribales tienen mucho más peso y originan más obediencia que la ley escrita por lo que se siguen practicando aun hoy día.

 

Un par de hombres en atuendos guerreros se aproximó y tomó por los brazos a una de las niñas, la que comenzó a gritar y patalear tratando de zafar de su situación de sujeción mientras era arrastrada hacia las chozas con el objeto, ignorado por ella, de ser entregada a su marido y comprador.

Las demás muchachas comenzaron a agitarse e intentar escapar pero varios hombres igualmente ataviados las tomaron en sus brazos y las redujeron. Kinjia había permanecido muda y quieta por el terror, de modo que el hombre que se acercó a ella estaba confiado en que no opondría resistencia, pero cuando se hallaba a dos pasos de la niña ésta se puso inesperadamente en movimiento, golpeó a hombre en la cabeza con una especie de bastón que le habían entregado como parte del atuendo matrimonial y se lanzó a correr por la planicie con una velocidad que ni siquiera ella sabía que podía desarrollar.

El hombre golpeado se repuso del atontamiento e inmediatamente salió en pos de Kinjia mientras que varios otros intentaron unirse a la persecución. En ese momento toda la tensión acumulada por el resto de las niñas estalló y cada una trató de salir corriendo en varias direcciones llevada por el terror. Los hombres vacilaron al ver el desorden totalmente inesperado e intentó atrapar a las muchachas en una acción completamente desconcertada.

Kinjia corrió como si sus pies se hubieran convertido en alas y no tardó el dejar atrás a su perseguidor, un hombre mayor al que finalmente los placeres de una vida disipada en la aldea cobraron su precio y cayó exhausto en tierra, cesando en su persecución.

 

 

Khaliyha- Ebony Princess

Official Page

Genre: Interracial Erotic Romance, bwwm

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kalisha

Excerpt:

PROLOGUE

 

He finally left the baggage claim area of the Kennedy Airport of New York dragging his own suitcase and another with casual clothes that Khaliyha had asked him to bring, since she had taken with her only the African costumes tailored to the meetings that she was going to attend.

First he recognized in the huge hall was the impressive and unmistakable figure of Malik, the refugee from the Central African Republic who had already saved them from the intrigues of hostile actors in their previous stay in the city.

Cristian hugged him affectionately surprising the big man characterized by a more cautious attitude. To his embarrassment Malik took charge of the luggage without the slightest effort.

“The Princess will meet with you at the hotel” He said recalling to Cristian the rather royal treatment given to his wife. “Today she is having a meeting arranged at the last minute and could not come to the airport as she wanted to.”

“The history of my life as a married man.” Thought Cristian.

Already in the car asked Malik if he had any news about clashes between different African ethnic groups on their continent and if they had had repercussions among the expatriate groups in New York.

“In Africa, conflicts have moved to the Central African Republic, my country, and possibly in the near future will arrive in Nigeria. Here the situation is calmer that when you and the Princess were a couple of years ago but we cannot lower our guard.”

These words reminded Cristian that one of Malik´s the functions was acting as a custodian of Khaliyha while she was in the city.

When the African parked his car in front of the hotel Cristian was surprised to see that it was the same in which Khaliyha and he had first met. A wave of memories invaded his mind and a knot formed in his throat but he refrained from making comments.

When they entered at the hotel Khaliyha had just arrived and they met in the lobby the woman threw herself in his arms in a completely unexpected attitude. Guests of the hotel looked askance at that woman richly dressed in her obvious ethnicity silk dress hugging a newcomer looking tired and dressing wrinkled clothes. Seeing the scene with the corner of his eye in a lobby mirror brought Christian even more emotions and they both whined for a second.

Malik cleared his throat to call them into reality and they separated with a certain embarrassment.

“It´s only a week since we last met.”   Cristian told his wife in a tone of false reproach.

“Why then you have red eyes?”

In fact what had worked in the encounter between the two was not the brief recent separation but all the vicissitudes that had occurred since they had left the hotel two years before with their joys and sufferings. No doubt this relatively brief period had transformed their lives in a deep and lasting way.

The woman had already obtained her key at the front desk and guided him towards her room.

“But… this is…”  Sputtered Cristian.

“Yes, it is the same room that we were when we met. I spent several days in another but I ordered the Concierge to move me to it as soon as it was vacant.

The detail moved him again. He knew the value of symbols for his wife and her tenacity to achieve her purposes. Having obtained the same room spoke clearly of the importance Khaliyha granted the event when they had loved for the first time.

They entered the spacious room and the employee left the suitcases. She made him sit on the bed smiling and placed her arms around his neck.

“Mon cher, you don’t know how long I have dreamed with this moment, to relive the most important stage of my life and to taste again its flavor.

 

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“Khaliyha- Princesa de Ébano

Página Oficial

Género: Romance erótico.

Sinopsis:

¿Amas las novelas románticas interraciales? La Dama de Ébano despertará todas tus fantasías ocultas.

Un tórrido romance erótico entre una distinguida dama africana y un joven blanco. Luego de conocerse en Nueva York viajan al África Central, donde la familia de ella tiene posiciones de prestigio y poder.
Interacciones familiares, políticas y dinásticas tienen lugar en medio de las luchas sangrientas entre diferentes grupos étnicos. En el exilio posterior los personajes se ven obligados a tomar decisiones críticas sobre la base de sus roles sociales. Las mismas reflejan sus personalidades y objetivos y tienen un impacto profundo en sus vidas.
La Dama de Ébano es esencialmente una novela romántica con un fondo dramático debido al entorno violento. Su carácter épico resalta los dilemas en la lucha por la libertad, la felicidad y la autorrealización de la mujer negra. Para ello debe sumergirse en los personajes para explicar su comportamiento en toda su complejidad y contradicciones.

Te encantará esta novela.

Extracto:

PRÓLOGO

 

Salió por fin del área de reclamo de equipajes del aeropuerto Kennedy de Nueva York, arrastrando su propia valija y otra con ropa informal que Khaliyha le había solicitado que le llevara, ya que ella había llevado consigo sólo los atuendos africanos adaptados a las reuniones que iba a sostener.

Lo primero que reconoció en el inmenso hall fue la figura imponente e inconfundible de Malik, el refugiado de la República Centroafricana que ya les había salvado de las intrigas de agentes hostiles en su anterior estadía en la ciudad. Cristian lo abrazó afectuosamente, para sorpresa del hombrón, caracterizado por una actitud más circunspecta. Malik se hizo cargo de las maletas sin el más mínimo esfuerzo, para bochorno del joven.

  • La Princesa se reunirá con Ud. en el hotel— le dijo, recordándole a Cristian el tratamiento regio que recibía su mujer— Hoy tuvo una reunión concertada a último momento y no pudo venir al aeropuerto como deseaba.

<< La historia de mi vida de casado>> pensó Cristian.

Ya en el automóvil preguntó a Malik si tenía novedades sobre los enfrentamientos entre los diferentes grupos étnicos africanos en el continente, y si habían tenido repercusiones entre los grupos de expatriados en  Nueva York.

—En África los conflictos se han trasladado a la República Centroafricana, mi país, y posiblemente en el futuro cercano llegarán a Nigeria. Aquí la situación está más tranquila que cuando Ud. y la Princesa estuvieron hace un par de años, pero no podemos bajar la guardia.

Estas palabras recordaron a Cristian que una de las funciones de Malik era la de custodio de Khaliyha mientras ella se encontrara en la ciudad.

Cuando el africano estacionó frente al hotel, Cristian se sorprendió al constatar que se trataba del mismo en el que Khaliyha y él se habían conocido. Una oleada de recuerdos invadió su mente y un nudo se formó en su garganta, pero se abstuvo de hacer comentarios.

Cuando entraron, Khaliyha había recién llegado y se encontraron en el lobby del hotel. La mujer se lanzó en sus brazos en una actitud totalmente inesperada. Los huéspedes del hotel miraban de reojo a esa mujer ricamente ataviada con su vestido de seda de obvio origen étnico abrazar a un recién llegado de aspecto fatigado y ropas arrugadas.  Ver la escena con el rabillo del ojo en un espejo del lobby embargó  a Cristian aún más de emociones y ambos lagrimearon un poco.

Malik carraspeó para llamarlos a la realidad, y se separaron con un cierto embarazo.

—Hace sólo una semana que no nos vemos— dijo Cristian a su mujer en un tono de falso reproche.

— ¿Por qué entonces tienes los ojos rojos?

En efecto, lo que había obrado en el encuentro entre ambos no era la breve separación reciente, sino todas las vicisitudes ocurridas desde habían dejado ese mismo hotel dos años atrás, con sus alegrías y sufrimientos. Sin duda ese lapso relativamente breve había transformado sus vidas en una forma profunda y perdurable.

La mujer ya había obtenido su llave en la conserjería y lo guió hacia su habitación.

—Pero… esta es…— farfulló Cristian.

—Sí, es la misma en que estuvimos cuando nos conocimos. Estuve varios días en otra, pero encargué al concierge que me mudara a ella tan pronto se desocupara.

El detalle conmovió nuevamente al hombre. Sabía del valor de los símbolos para su esposa y de su tenacidad para lograr sus propósitos. Haber obtenido la misma habitación  hablaba bien a las claras de la importancia concedida por Khaliyha al evento en que se habían amado por primera vez.

Entraron en el amplio cuarto y el botones dejó las maletas. Ella lo hizo sentar en la cama y sonriendo echó sus brazos en torno a su cuello.

—Mon cher, no sabes cuánto he soñado con este momento, con revivir la etapa más importante de mi vida y sentir nuevamente su sabor.

 


 

Shaletha- Romance in Manhattan

Official Page

Genre: erotic romance

 

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Synopsis:

A torrid erotic romance between a distinguished African lady and a young white man. After living in New York they travel to Central Africa where her family holds positions of prestige and power.

Familiar, political and dynastic interactions take place in the middle of bloody struggles between different ethnic groups. In the subsequent exile the characters are forced to make critical decisions based on their social roles. These decisions reflect their personalities and goals  and have a profound impact in their lives.

Ebony Lady is essentially a romantic novel with a dramatic background due to the violent environment. Its epic tone highlights the dilemmas in the struggle for freedom, happiness and self-realization of the black woman. It immerses into the characters to explain their behavior in all its complexity and contradictions.
Excerpt:

CHAPTER 1

 

When she entered the room that had been hers when she was a girl the woman felt a knot in her stomach. This happened every time she visited her parents´ house and checked the state of her old belongings. All dolls and stuffed toys were perfectly aligned on her old bed as had been the last time she had entered the room and as they had never been when she occupied it. Some of the posters glued or nailed to the walls with her musical idols of yesteryear still miraculously remained in place, leaving some lighter boxes on the wall where had been those who had fallen.

The woman ran a hand affectionately on the fully armed bed and memory evoked a thousand remembrances of her happy childhood and adolescence. She was then startled by her mother’s voice calling her from the ground floor.

“¿Shaletha. Are you okay?”

Immediately after she heard of her father´s deep voice scolding his wife.

“Helen, Shaletha is in her room; leave her alone with her memories.”

Shaletha removed with her fingertips a tear peeking from her right eye, composed her throat and answered.

“I´ll be right down Mom.”

On leaving she looked in the mirror placed in her wardrobe, which would certainly be filled with the clothes she had left behind when she moved. Shaletha then took a long look to her front and behind with a critical eye and then moaned with satisfaction approving the image that the mirror reflected. Her silhouette was a perfect example of a black woman, with well marked feminine attributes, which since high school provoked comments of her fellow students of all races, particularly those Italians. What the mirror showed her was a firm bust, generous hips, round thighs, well shapely legs and a rear that had always caused envy of her classmates, especially the white girls. The face, certainly beautiful, was framed by a discreet hairstyle away from the fashion of African braids and dreadlocks.

“Shaletha, what is what you need? What is missing to you? The woman sighed without knowing exactly what she meant. She locked the room and went downstairs to talk to her parents.

The dinner conversation had turned almost exclusively on Shaletha´s life. The mother insisted in asking questions about her love life on which she did not have much to tell, and this concerned Helen, while her father asked her affectionately about her working life, a much more satisfying theme for both.

After a silence Helen began to complain about  Alyssa´s behavior, the youngest daughter of the Moore family.

“She´s already nineteen, and now is flirting with those white boys, who we already know what are expecting from her.” Said plaintively Helen.

“You should not complain woman.” Answered angrily the father. “Alyssa has always steered clear of drugs and alcohol. Her grades in school are more than acceptable and we expect she will be able to attend college. She has never brought us problems as his brother has.”

The words were followed by silence. Zion, the second son of the Moore family had recently been released from prison and was fulfilling a plan of rehabilitation for his addiction to drugs. Helen groaned and burst into tears.

“Dad that was a low blow.” Replied Shaletha. “You know Zion is an open wound for Mom.”

The man obviously regretted his words, rose from his chair and ran to hug his wife. The reaction served Shaletha to revalue again the values of the home in which she had grown up. The woman walked over and hugged her parents while she also wiped a tear. The tender scene lasted even a moment until Helen´s breathing regularized.

“Why do you take Alyssa’s friends to heart?”  Asked Shaletha to her mother.  “Have you got reasons to think they are bad companies?”

“We have no way to know.” Said the father. “We have never met them or talked to them.”

“ The problem is that in this way we are destroying the foundations of the black family.” Helen replied.

“Mom. It is not fair to blame Alyssa for destiny of the black family in this country. She has enough responsibility at her age trying to be happy.”

 

Before it got dark Shaletha decided to undertake the journey back home. She said goodbye to her parents and left their house heading for the nearest subway station. She recalled her childhood in that area of Harlem, when the inhabitants lived confined to their homes and did not venture to remain in the streets after the first shadows fell. When walking Shaletha saw a movement among the shadows in a corner where there was no lighting, no doubt a young couple warmly embracing ignoring the environment surrounding them. Shaletha had necessarily passed by them on her way without the kids perceiving her presence. As she discreetly looked at them her heart sank. At the dim light she could see the blond hair of the young boy mixed with the dark skin of the girl. As she recognized the faces Shaletha did not know for a moment how to react. Alyssa was passionately kissing who a few  days earlier had presented as a simple college classmate, a Russian born named Ivan with a last name impossible to remember.

The woman took the subway at the 125th Street station and at that late time managed to travel sitting. In the long journey her mind connected the recent events with certain thoughts that lately recurrently returned to her mind. At thirty-three years Shaletha Moore could not complain about her life or her achievements. After her studies she had found work as a fashion designer at a major textile firm. Important business involving a lot of money depended on her decisions and she was well paid for her work. She had moved from Harlem and had finally rented a totally renovated and very well equipped old apartment  in Brooklyn Heights, a quiet and well connected area located just minutes away from their work. When taking vacations Shaletha could afford to choose the best beaches around the continent, which were her favorite destinations. For work reasons she was constantly traveling throughout the Americas and Europe. She was always elegantly dressed and could allow every whim, which anyway were very discreet. She spoke well and was invited to all kinds of events, in which her profession was lavish. They were not little achievements for a girl from Harlem. And yet …

From some cell phone or a tablet arose amid the noise of the subway running at full speed the notes of an old interpretation of The Rose by Bette Midler.

 

When the night has been very lonely

And the road has been too long

And you think that love is only

For the lucky and the strong …

Shaletha-Romance en Manhattan

Página oficial

Género: romance erótico

Encuéntralo en:

Amazon Kindle. e-books:  goo.gl/r5tRzd

Apple, Barnes & Noble, Kobo, Scribd y otros: https://books2read.com/u/4XgnGe

Sinopsis:

¿Amas las novelas eróticas interraciales? Shaletha-Romance en Manhattan despertará todas tus fantasías y tus deseos ocultos.

Una hermosa mujer afroamericana conoce en Nueva York a un joven extranjero. Un tórrido romance comienza en un ambiente cuyos valores respecto a la aceptación de parejas interraciales están en transformación. La mujer va experimentando en su vida la liberación de ciertos tabúes y va uniendo los fragmentos sueltos de su vida.

La pareja va construyendo su relación venciendo algunas adversidades procedentes de las circunstancias que les toca vivir.

Una nouvelle de actualidad con sagaces introspecciones de actitudes tan arraigadas como inadvertidas.

Su lectura te va a emocionar.

Extracto:

Capítulo 1

 

Al entrar en la que había sido su habitación de niña sintió un nudo en el estómago. Esto le ocurría cada vez que visitaba la casa de sus padres y pasaba a revisar el estado de sus antiguas pertenencias. Todas las muñecas y juguetes de peluche estaban perfectamente alineados sobre su antigua cama como habían estado la última vez que había entrado en el cuarto y como jamás habían estado cuando ella lo ocupaba. Algunos de los posters pegados o clavados en las paredes con sus ídolos musicales de antaño permanecían aun milagrosamente en su sitio, dejando algunos rectángulos más claros en la pared donde habían estado los que se habían caído.

La mujer pasó cariñosamente una mano sobre el lecho perfectamente armado y su memoria evocó mil recuerdos de su infancia y adolescencia. La sobresaltó la voz de su madre que le hablaba desde la planta baja.

-¿Shaletha, estás bien?

Luego oyó la voz grave de su padre que regañaba a su mujer.

  • Helen, está en su cuarto, déjala tranquila con sus recuerdos.

Shaletha retiró con la punta de sus dedos una lágrima que asomaba en su ojo derecho, compuso la garganta y contestó.

-Ya voy mamá.

Al salir se miró en el largo espejo de su placar, el que estaría seguramente lleno de la ropa que había dejado atrás en su mudanza. Se miró largamente por delante y por detrás con mirada crítica y luego exhaló un gemido que en realidad era de aprobación. Su silueta era un perfecto ejemplo de una mujer negra, con atributos femeninos bien marcados, los que desde la escuela secundaria provocaban comentarios de sus compañeros varones de todas las razas, particularmente de esos italianos. Lo que el espejo le mostró era un busto firme, las caderas generosas, muslos redondos, piernas bien contorneadas y un trasero que siempre había causado envidia de sus compañeras, sobre todo de las blancas. El rostro era sin duda bello y estaba enmarcado por un peinado discreto, lejos de la moda afro o las trenzas y rastas.

-¿Shaletha, que es lo que te falta? –suspiró sin saber bien a qué se refería. Cerró la habitación y bajó a hablar con sus padres.

La conversación de sobremesa había girado sobre la vida de Shaletha casi exclusivamente. La madre le hacía insistentemente preguntas sobre su vida sentimental sobre la que no tenía mucho que contar lo que preocupaba a Helen, mientras que su padre la interrogaba afectuosamente sobre su vida laboral, tema mucho más satisfactorio para ambos.

Luego de un silencio Helen comenzó a quejarse por el comportamiento de Alyssa, la hija menor de los Moore.

-Ya tiene diecinueve años, y está tonteando con esos muchachos blancos, que ya sabes lo que esperan de ella.- Dijo en tono quejumbroso.

-No debieras quejarte mujer.-  Respondió enojado el padre.- Siempre se ha mantenido al margen de las drogas y el alcohol. Sus notas en la escuela son más que aceptables y tendrá la posibilidad de asistir a la universidad. Nunca nos ha traído problemas como su hermano.

Las palabras fueron seguidas por un silencio. Zión, el segundo hijo de los Moore había salido recientemente de prisión y se hallaba cumpliendo un plan de rehabilitación de su adicción a las drogas. Helen emitió un gemido y prorrumpió en llanto.

-Papá, eso ha sido un golpe bajo.- Repuso Shaletha.-Sabes que Zión es una herida abierta para mamá.

El hombre, evidentemente arrepentido de sus palabras se levantó de la silla y corrió a abrazar a su esposa. La reacción sirvió a Shaletha para revalorizar una vez más los valores del hogar en que se había criado. Se acercó y abrazó a sus padres mientras también ella enjugaba una lágrima. La tierna escena se prolongó aun unos instantes mientras Helen regularizaba su respiración.

-¿Por qué te tomas tan a pecho los amigos de Alyssa?- Preguntó a su madre-¿Crees que son malas compañías?

-No puede saberlo.-dijo el padre.-Jamás los hemos visto ni hemos hablado con ellos.

-Es que de esta forma se sigue destruyendo a la familia negra.- Contestó Helen ya más repuesta.

-Mamá. No es justo responsabilizar a Alyssa del destino de la familia negra en este país. Bastante responsabilidad tiene ella a su edad con tratar de ser feliz.

Antes de que hiciera oscuro Shaletha decidió emprender el viaje de regreso a su casa; se despidió de sus padres y salió de la casa dirigiéndose hacia la estación más cercana del metro. Recordó su infancia en esa zona del Harlem, cuando los habitantes vivían recluidos en sus hogares y no se aventuraban a permanecer en las calles al caer las primeras sombras. Al caminar vio un movimiento entre las penumbras en una esquina en la que no había alumbrado público, sin duda una pareja de jóvenes abrazándose efusivamente sin prestar atención al medio que los rodeaba. Shaletha tuvo necesariamente que pasar junto a ellos en su camino sin que los muchachos percibieran su presencia. Al mirarlos discretamente su corazón dio un vuelco. A contraluz pudo divisar el cabello rubio del muchacho mezclado con la piel oscura de la joven. Shaletha no supo por un momento a qué atenerse al reconocer los rostros. Alyssa estaba besando apasionadamente a quien le había presentado días atrás como un simple compañero de la universidad nacido en Rusia de nombre Ivan y apellido imposible de recordar.

La mujer tomó el metro en la estación de la calle 125 y a esa hora consiguió viajar sentada. En el largo viaje su mente conectó los episodios recientes con ciertos pensamientos que últimamente retornaban a su mente. A los treinta y tres años Shaletha Moore no podía quejarse de sus logros. Luego de sus estudios había conseguido trabajo como diseñadora de modas en una firma textil importante; de sus decisiones dependían negocios que involucraban mucho dinero y se le pagaba muy bien por su trabajo. Había salido del Harlem y finalmente había alquilado un departamento antiguo pero refaccionado a nuevo y muy bien equipado en Brooklyn Heights, una zona tranquila y ubicada a pocos minutos del metro de su trabajo. Cuando tomaba vacaciones podía permitirse elegir las mejores playas de todo el continente, que eran sus destinos turísticos preferidos. Por razones de trabajo debía viajar constantemente por las Américas y Europa. Vestía elegantemente y se podía permitir todos sus caprichos, que de todos modos eran muy discretos. Se expresaba muy bien y era invitada a todo tipo de acontecimientos, en los que su profesión era pródiga. No era poco para una chica de Harlem. Y sin embargo…

De algún celular o Tablet surgían en medio de los ruidos del metro corriendo toda velocidad las notas de una vieja interpretación de The Rose por  Bette Midler.

When the night has been too lonely

And the road has been too long

And you think that love is only

For the lucky and the strong…(1)

 

  • Cuando la noche ha sido muy solitaria

Y el camino demasiado largo

Y tú piensas que al amor es sólo

Para los afortunados y los fuertes…

 

“Interludio Pasional- Antología Erótica”

Página oficial

Generos: Erótico, sadomasoquista BDSM, interracial

Encuéntralo en:

Amazon Kindle e-books: http://tinyurl.com/h7uzj2e

Amazon versión impresa: http://tinyurl.com/h7uzj2e

Apple, Barnes & Noble, Kobo, Scribd y otros minoristas: https://books2read.com/u/3Lra5M

1

Extracto:

Capítulo 1

 

Se apeó del viejo Fiat que había comprado seis semanas atrás y al cerrar su puerta acarició involuntariamente el cristal de la misma. Un gesto de cariño por el vehículo cuya adquisición había transformado su rutina diaria dejándole libres casi cuatro horas que antes le insumían sus viajes a su trabajo situado en la provincia de Buenos Aires. Junto con el alquiler de un pequeño y antiguo apartamento en el barrio de Constitución eran sus mayores logros desde su llegada de su provincia natal. Cierto que el edificio de cuatro plantas sin ascensor se hallaba en una zona decadente habitada por inmigrantes en su mayoría indocumentados, que ocupaban ilegalmente ruinosas viviendas no reclamadas por sus dueños quizás por complicados problemas legales. La desidia de los ocupantes se revelaba en los montones de basura arrojados en las veredas, los contenedores de residuos saqueados en busca de quien sabe qué objetos y las botellas de cerveza que se apilaban en ciertas esquinas. En los atardeceres los sufridos viejos habitantes del barrio se encerraban en sus casas y las calles eran invadidas por travestis, prostitutas dominicanas y probablemente revendedores de drogas.

Comparado con su vida tranquila en su zona rural natal la comparación de su actual medio ambiente podía ser a primera vista frustrante, pero a él le satisfacía como primera plataforma de lo que había logrado por sus propios medios, separado del clima familiar.

Esteban Dubanowski había nacido en la lejana Provincia de Misiones, una especie de cuña entre las fronteras de Brasil y Paraguay separada de ambos por ríos caudalosos. Allí había nacido veintitrés años antes en una chacra, es decir una granja familiar en una colonia de agricultores de origen mayoritariamente polaco y ruso, dos de las tantas colectividades que poblaban dicha provincia norteña. Al llegar a la mayoría de edad le resultó evidente que debía emigrar ya que el establecimiento no permitía sostener a la familia integrada por sus padres y ocho hermanos. Ya su hermano mayor Gregorio había emigrado a Foz de Iguazú, en Brasil, donde se había casado con una mujer de origen árabe con la cual había constituido una familia que ya incluía tres hijos.

Gregorio lo había instado a mudarse cerca de él pero Esteban había preferido viajar a Rosario, en la Provincia de Santa Fe, para completar sus estudios universitarios. Había residido allí cuatro años hasta obtener su diploma de licenciado en diseño industrial. Luego había decidido dar el gran salto y probar suerte en Buenos Aires, la gran metrópolis del país y destino soñado de muchos jóvenes inquietos de las provincias y países colindantes.

Al llegar a la ciudad había conseguido un trabajo en una fábrica metalúrgica en el tercer cinturón del conurbano bonaerense, distante unos treinta kilómetros de su casa, para llegar al cual debía tomar tres medios de transporte que en total le insumían dos horas de ida y otras tantos de regreso, en horas de gran tráfico y por consiguiente en condiciones de hacinamiento. Pero con la compra del vehículo eso había quedado atrás.

Al llegar a su apartamento se preparó un café, se recostó en la cama, ya que el mobiliario que había podido comprar no incluía por el momento una silla, y prendió el televisor que había comprado de segunda mano. La película que estaban dando mostraba una escena de amor de elevado contenido erótico y Esteban notó que tenía una fugaz erección; para enfriar sus pensamientos decidió tomar una ducha de inmediato, aunque habitualmente lo hacía por las noches, antes de irse a dormir.

Al salir del baño se dio cuenta que los pensamientos seguían siendo los mismos, y que la excitación sexual no iba a calmarse entre las cuatro paredes de su vivienda. Se vistió y salió a caminar un rato. Dado que no tenía nada de comida en la desvencijada nevera resolvió cenar temprano en una especie de café-restaurant de ínfima categoría a tres cuadras, pero antes caminaría un poco y viviría más de cerca la dudosa atmósfera del vecindario.

A poco andar se le acercó un travesti pintarrajeado de mediana edad. Su visión  le produjo un cierto rechazo instintivo e intentó apartarse de su paso sin éxito.

-Hola grandote. ¿No quieres probar algo que no olvidarás en tu vida?- Le dijo el callejero. Notando su erección intentó manotear la bragueta pero Esteban lo apartó con rudeza y prosiguió su camino dejando al prostituto musitando improperios y amenazas. Reconoció en sí mismo un grado de disgusto que intentó controlar para no dar lugar a prejuicios que su mente rechazaba.

Metadatos:

Autor: Louis Alexandre Forestier

Primera Edición: 10/6/2016

Palabras: 63804

Paginas: 262

Títulos relacionados:

Passionate Interlude ( Inglés) 24/6/2016

Valentina (17/3/2016)

Nubia- Romance Magicko (17/5/2016)

Cristelle- Romance Erótico Interracial (17/2/2016)

 

Miscelánea:

 

“Nubia- Magickal Thriller”

Find it in Amazon Kindle e-books and printed edition: https://goo.gl/szwY7V

Barnes & Noble nook e-books: http://goo.gl/rxAmjh

Description:

An infamous network of human traffickers surrepticiously brings young women from Africa to New York. One of the girls escapes and a fierce womanhunt begins. In the desperate defense of her life the girl puts at stake unsuspected resources. The trafficking organization includes members located in upper echelons of power in the city that tighten the knot around her. A vibrant thriller of the noir subgenre that will keep you in suspense from the beginning to its dramatic end.

Excerpt:

Prologue

 

The girl ran along the isolated alley not daring to look back; as her high-heeled shoes prevented her from speeding she took them off with a quick gesture and continued her race barefoot running on the cold pavement of the dark street in Harlem. She heard a noise coming from the pursuers following her, three or four burly Africans who had participated in the horrible scene that she was leaving behind. The girl shook her head trying to ward off the recent memory that had shocked her to such an extreme degree. Her pace was very fast, like a woman born and raised in the steppes of Africa who as a child had run alongside their brothers. The woman knew that the heavy human bloodhounds who pursued her would not be able to catch with her and the distance between them widened every second. The same thought the pursuers who were at the end of their breathing capabilities. Several screams were heard, the men were shouting to each other giving orders in their dialect and Alimah trembled guessing what they were saying; without missing a beat she prepared for what she knew was coming next . Three detonations sounded reverberating through the narrow alley. The woman closed her eyes waiting for the result of the shooting. She felt a profound and gnawing pain in the right shoulder. Alimah knew that the bullet had entered her from the back and exited through the front of the shoulder so the blood loss would be twofold. The girl stumbled momentarily but could recover her step. Her father´s face passed fleetingly through her mind. She knew that wherever he was the old warrior would pride of his daughter.

Thoughts from that moment began to fray although her legs still responded to a center of will over which the woman had no longer control, her brain darkened and Alimah passed out. Her body still toured several steps led by inertia and finally rolled between some trash bins resulting in their fall with a great clatter. A bitter cold began to invade her body.

The recent events immediately prior to the persecution paraded through her fevered and delirious mind. What her psyche had been dodging to remember when she was fleeing to avoid its crushing weight now returned to her memory, devoid of the protection of the will. The image of Samwarit, the beautiful Ethiopian girl that had tried to escape with her from the hands of their captors clearly appeared in her memory, as well as Jemal´s, the human beings trafficker band leader in whose hands the girls had fallen with the complicity of the ship captain that had brought them to New York. Alimah recalled the twenty-five day’s journey from the distant port on the Red Sea, located near Port Sudan but devoid of any control by the local authorities. On that ship traveled twenty Ethiopian, Eritrean, Sudanese and Somali women, all young and beautiful, in what undoubtedly was a human trafficking trip linked to prostitution. All were constrained to stay inside two grimy containers within which they sometimes had to do their physiological needs, and out of which they were only allowed to come to breath pure air on deck when the ship was far from shore and out of busy shipping routes .

Upon reaching their destination they had entered the port of New York inside the containers and were carried overnight out of the port area and brought to what they later learned was Harlem. As the area was strongly patrolled by the city police, the women practically were not allowed to leave the abandoned warehouse where they were kept.