The Sorceress

Genre: paranormal erotic romance, suspense interracial romance

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“Interludio Pasional- Antología Erótica”

Página oficial

Generos: Erótico, sadomasoquista BDSM, interracial

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1

Extracto:

Capítulo 1

 

Se apeó del viejo Fiat que había comprado seis semanas atrás y al cerrar su puerta acarició involuntariamente el cristal de la misma. Un gesto de cariño por el vehículo cuya adquisición había transformado su rutina diaria dejándole libres casi cuatro horas que antes le insumían sus viajes a su trabajo situado en la provincia de Buenos Aires. Junto con el alquiler de un pequeño y antiguo apartamento en el barrio de Constitución eran sus mayores logros desde su llegada de su provincia natal. Cierto que el edificio de cuatro plantas sin ascensor se hallaba en una zona decadente habitada por inmigrantes en su mayoría indocumentados, que ocupaban ilegalmente ruinosas viviendas no reclamadas por sus dueños quizás por complicados problemas legales. La desidia de los ocupantes se revelaba en los montones de basura arrojados en las veredas, los contenedores de residuos saqueados en busca de quien sabe qué objetos y las botellas de cerveza que se apilaban en ciertas esquinas. En los atardeceres los sufridos viejos habitantes del barrio se encerraban en sus casas y las calles eran invadidas por travestis, prostitutas dominicanas y probablemente revendedores de drogas.

Comparado con su vida tranquila en su zona rural natal la comparación de su actual medio ambiente podía ser a primera vista frustrante, pero a él le satisfacía como primera plataforma de lo que había logrado por sus propios medios, separado del clima familiar.

Esteban Dubanowski había nacido en la lejana Provincia de Misiones, una especie de cuña entre las fronteras de Brasil y Paraguay separada de ambos por ríos caudalosos. Allí había nacido veintitrés años antes en una chacra, es decir una granja familiar en una colonia de agricultores de origen mayoritariamente polaco y ruso, dos de las tantas colectividades que poblaban dicha provincia norteña. Al llegar a la mayoría de edad le resultó evidente que debía emigrar ya que el establecimiento no permitía sostener a la familia integrada por sus padres y ocho hermanos. Ya su hermano mayor Gregorio había emigrado a Foz de Iguazú, en Brasil, donde se había casado con una mujer de origen árabe con la cual había constituido una familia que ya incluía tres hijos.

Gregorio lo había instado a mudarse cerca de él pero Esteban había preferido viajar a Rosario, en la Provincia de Santa Fe, para completar sus estudios universitarios. Había residido allí cuatro años hasta obtener su diploma de licenciado en diseño industrial. Luego había decidido dar el gran salto y probar suerte en Buenos Aires, la gran metrópolis del país y destino soñado de muchos jóvenes inquietos de las provincias y países colindantes.

Al llegar a la ciudad había conseguido un trabajo en una fábrica metalúrgica en el tercer cinturón del conurbano bonaerense, distante unos treinta kilómetros de su casa, para llegar al cual debía tomar tres medios de transporte que en total le insumían dos horas de ida y otras tantos de regreso, en horas de gran tráfico y por consiguiente en condiciones de hacinamiento. Pero con la compra del vehículo eso había quedado atrás.

Al llegar a su apartamento se preparó un café, se recostó en la cama, ya que el mobiliario que había podido comprar no incluía por el momento una silla, y prendió el televisor que había comprado de segunda mano. La película que estaban dando mostraba una escena de amor de elevado contenido erótico y Esteban notó que tenía una fugaz erección; para enfriar sus pensamientos decidió tomar una ducha de inmediato, aunque habitualmente lo hacía por las noches, antes de irse a dormir.

Al salir del baño se dio cuenta que los pensamientos seguían siendo los mismos, y que la excitación sexual no iba a calmarse entre las cuatro paredes de su vivienda. Se vistió y salió a caminar un rato. Dado que no tenía nada de comida en la desvencijada nevera resolvió cenar temprano en una especie de café-restaurant de ínfima categoría a tres cuadras, pero antes caminaría un poco y viviría más de cerca la dudosa atmósfera del vecindario.

A poco andar se le acercó un travesti pintarrajeado de mediana edad. Su visión  le produjo un cierto rechazo instintivo e intentó apartarse de su paso sin éxito.

-Hola grandote. ¿No quieres probar algo que no olvidarás en tu vida?- Le dijo el callejero. Notando su erección intentó manotear la bragueta pero Esteban lo apartó con rudeza y prosiguió su camino dejando al prostituto musitando improperios y amenazas. Reconoció en sí mismo un grado de disgusto que intentó controlar para no dar lugar a prejuicios que su mente rechazaba.

Metadatos:

Autor: Louis Alexandre Forestier

Primera Edición: 10/6/2016

Palabras: 63804

Paginas: 262

Títulos relacionados:

Passionate Interlude ( Inglés) 24/6/2016

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Nubia- Romance Magicko (17/5/2016)

Cristelle- Romance Erótico Interracial (17/2/2016)

 

Miscelánea:

 

“Interludio Pasional- Antología Erótica”

1

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Kobo:   https://goo.gl/Id0Ohc

Extracto:

 

Capítulo 1

 

Se apeó del viejo Fiat que había comprado seis semanas atrás y al cerrar su puerta acarició involuntariamente el cristal de la misma. Un gesto de cariño por el vehículo cuya adquisición había transformado su rutina diaria dejándole libres casi cuatro horas que antes le insumían sus viajes a su trabajo situado en la provincia de Buenos Aires. Junto con el alquiler de un pequeño y antiguo apartamento en el barrio de Constitución eran sus mayores logros desde su llegada de su provincia natal. Cierto que el edificio de cuatro plantas sin ascensor se hallaba en una zona decadente habitada por inmigrantes en su mayoría indocumentados, que ocupaban ilegalmente ruinosas viviendas no reclamadas por sus dueños quizás por complicados problemas legales. La desidia de los ocupantes se revelaba en los montones de basura arrojados en las veredas, los contenedores de residuos saqueados en busca de quien sabe qué objetos y las botellas de cerveza que se apilaban en ciertas esquinas. En los atardeceres los sufridos viejos habitantes del barrio se encerraban en sus casas y las calles eran invadidas por travestis, prostitutas dominicanas y probablemente revendedores de drogas.

Comparado con su vida tranquila en su zona rural natal la comparación de su actual medio ambiente podía ser a primera vista frustrante, pero a él le satisfacía como primera plataforma de lo que había logrado por sus propios medios, separado del clima familiar.

Esteban Dubanowski había nacido en la lejana Provincia de Misiones, una especie de cuña entre las fronteras de Brasil y Paraguay separada de ambos por ríos caudalosos. Allí había nacido veintitrés años antes en una chacra, es decir una granja familiar en una colonia de agricultores de origen mayoritariamente polaco y ruso, dos de las tantas colectividades que poblaban dicha provincia norteña. Al llegar a la mayoría de edad le resultó evidente que debía emigrar ya que el establecimiento no permitía sostener a la familia integrada por sus padres y ocho hermanos. Ya su hermano mayor Gregorio había emigrado a Foz de Iguazú, en Brasil, donde se había casado con una mujer de origen árabe con la cual había constituido una familia que ya incluía tres hijos.

Gregorio lo había instado a mudarse cerca de él pero Esteban había preferido viajar a Rosario, en la Provincia de Santa Fe, para completar sus estudios universitarios. Había residido allí cuatro años hasta obtener su diploma de licenciado en diseño industrial. Luego había decidido dar el gran salto y probar suerte en Buenos Aires, la gran metrópolis del país y destino soñado de muchos jóvenes inquietos de las provincias y países colindantes.

Al llegar a la ciudad había conseguido un trabajo en una fábrica metalúrgica en el tercer cinturón del conurbano bonaerense, distante unos treinta kilómetros de su casa, para llegar al cual debía tomar tres medios de transporte que en total le insumían dos horas de ida y otras tantos de regreso, en horas de gran tráfico y por consiguiente en condiciones de hacinamiento. Pero con la compra del vehículo eso había quedado atrás.

Al llegar a su apartamento se preparó un café, se recostó en la cama, ya que el mobiliario que había podido comprar no incluía por el momento una silla, y prendió el televisor que había comprado de segunda mano. La película que estaban dando mostraba una escena de amor de elevado contenido erótico y Esteban notó que tenía una fugaz erección; para enfriar sus pensamientos decidió tomar una ducha de inmediato, aunque habitualmente lo hacía por las noches, antes de irse a dormir.

Al salir del baño se dio cuenta que los pensamientos seguían siendo los mismos, y que la excitación sexual no iba a calmarse entre las cuatro paredes de su vivienda. Se vistió y salió a caminar un rato. Dado que no tenía nada de comida en la desvencijada nevera resolvió cenar temprano en una especie de café-restaurant de ínfima categoría a tres cuadras, pero antes caminaría un poco y viviría más de cerca la dudosa atmósfera del vecindario.

A poco andar se le acercó un travesti pintarrajeado de mediana edad. Su visión  le produjo un cierto rechazo instintivo e intentó apartarse de su paso sin éxito.

-Hola grandote. ¿No quieres probar algo que no olvidarás en tu vida?- Le dijo el callejero. Notando su erección intentó manotear la bragueta pero Esteban lo apartó con rudeza y prosiguió su camino dejando al prostituto musitando improperios y amenazas. Reconoció en sí mismo un grado de disgusto que intentó controlar para no dar lugar a prejuicios que su mente rechazaba.

Un par de cuadras más allá un veterana prostituta negra de carnes abundantes, posiblemente de origen dominicano, le guiñó un ojo e interceptando su camino le susurró.

-Hola rubio. ¿No quieres probar una negra? Te voy a exprimir en la cama como a un limón. Ven, acaricia mi piel.- Dijo exponiendo su rollizo muslo.

En realidad Esteban había debutado sexualmente cerca de su pueblo con una afro-brasileña bastante mayor que él y la experiencia había sido inolvidable, tanto por ser su primera vez como por el ardor increíble de la mujer, con la cual había tenidos sexo varias veces más en años sucesivos.  Sin embargo sacudió su cabeza como para espantar sus ideas y siguió su camino. Nunca había pagado por sexo y se había propuesto no hacerlo jamás. Esperaría que se presentara otra circunstancia para satisfacer sus deseos.

 

Valentina- Psychological Romance

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Amazon Kindle e-books: http://tinyurl.com/z4ayubjValentina Eng

Sinopsis:

This novel will make you explore your most intimate and shameful fantasies, those that you have closed down under social taboos. Whether you are a man or a woman putting them in the light of your conscience and your desires will have a liberating effect.

Starting from a naive contemporary dating a young man has stormy sexual relations involving twisted episodes of erotic sadomasochistic character. An Afro-Colombian immigrant girl will do whatever it takes to conquer and pull him out of his situation.

Reading this novella will compel you to reexamine your true inclinations in hidden and profound themes. You will experience an awakening.

Excerpt:

Chapter 1

 

The young man got out of the old Fiat that had bought six weeks earlier and as he closed the glass window involuntarily stroked it. A gesture of affection for the vehicle whose acquisition had transformed his daily routine leaving him almost four hours free that were spent before in his trips to his job in a plant located in the Province of Buenos Aires and back. That purchase and the rent of a small old apartment in the neighborhood of Constitution were his greatest achievements since his arrival from his native province. True, the four-storey building with no elevator was in a decaying area inhabited mostly by undocumented immigrants from the surrounding countries, illegally occupying dilapidated housing unclaimed by their owners perhaps due to complicated legal problems. The negligence of the occupants was revealed in the piles of garbage thrown on the sidewalks, waste containers ransacked in search of who knows what objects and beer bottles piled up in certain corners. In the evenings the old neighborhood residents locked themselves in their houses and the streets were invaded by transvestites, Dominican prostitutes and probably drug dealers.

Compared to the quiet life in his native rural area his current environment could be frustrating at first sight, but it satisfied him as a first platform of what he had achieved on his own, once he had abandoned the protection of the family environment.

Esteban Dubanowski had arrived from the distant province of Misiones, a sort of wedge between the borders of Brazil and Paraguay separated from both countries by mighty rivers. He was born twenty-three years before in a chacra, i.e. a family farm part of a colony of farmers mostly of Polish and Russian origin, two of the many communities that populated this northeastern Argentine province. Upon reaching of age it became clear that Esteban had to emigrate because the establishment could not sustain the big family integrated by his parents and eight siblings. Gregorio, his older brother had moved to Foz do Iguaçu, Brazil, where he had married a local woman of Arab origin with whom he had raised a family that already included three children.

Gregorio had urged his brother to move with him but Esteban had preferred to travel to Rosario, in the Province of Santa Fe, to complete his university studies. He had lived four years in that city until he got his bachelor’s degree in industrial design. He had then decided to make the big leap and try his luck in Buenos Aires, the great country metropolis and dream destination of many restless youngsters arriving from provinces and neighboring countries.

Upon reaching the city Esteban had gotten a job in a metal factory in the third suburban belt of the Province of Buenos Aires, distant about thirty kilometers from his home, to reach which he had previously to travel in three consecutive means of transport with a total travel time of two hours and other two hours back in the midst of the rush hour and therefore in overcrowded conditions. But with the purchase of the vehicle all hat was left behind.

As soon as he arrived at his apartment Esteban prepared a coffee and then lay in bed, because the furniture that he had been able to buy up to that moment did not include a chair. He then turned on the TV set he had bought secondhand. The film he was seeing showed a love scene with high erotic content and Esteban noticed that he had a fleeting erection; to cool down his thoughts the young man decided to take a shower, although he usually did that at night immediately before going to bed.

On leaving the bath he realized that his thoughts remained the same, and that his sexual arousal was not going to subside within the four walls of his home. He dressed up and went for a walk. Since there was no food in the rickety fridge the young man decided to have an early dinner in a kind of menial café-restaurant three blocks away, but before eating he would walk a little and feel more closely the dubious atmosphere of the neighborhood.

Soon after he was approached by a middle-aged defaced transvestite.  At his sight Esteban felt a certain instinctive rejection and tried to step away from him without success.

“Hey big guy. Don´t you want to try something you will not forget in your life?” Said the travestite. Noticing the boy´s erection he tried to touch his fly but Esteban pushed him rudely away and went on leaving the prostitute muttering expletives and threats.

Esteban recognized in himself a degree of disgust that he tried to control not to give rise to prejudices that his mind rejected.

A couple of blocks beyond that a veteran black prostitute with abundant flesh, possibly of Dominican origin, winked and intercepting his way whispered.

“Hello blond. Don´t you want to try a black woman? I’ll squeeze you in bed like a lemon. Come, caress my skin.” She said exposing her plump thigh.

Actually Esteban had sexually debuted near his village with an Afro-Brazilian considerably older than him and the experience was unforgettable, not only because it was his first time but by the incredible fieriness of the woman, with whom the boy had had sex several times in the following years. Esteban shook his head to scare his ideas and went on his way. He had never paid for sex and had decided never to do it. He hoped he would find other ways to satisfy his needs.

Finally the boy decided to go back after half an hour walking during which he witnessed several events, including a fight between two drunken teenagers who ended up being separated by neighbors and the action of a policeman who had two boys sitting in a corner awaiting the arrival of the patrol car that would take them to the police station possibly on charges of attempted robbery. Esteban was going back to his own neighborhood when he visualized the bar where he had planned to have dinner. Tired of the working hours and the walk the young man sat at one of the tables near a window, allowing him to observe the street movement, this was becoming scarcer with the first shadows of the night.

A waitress approached him with the menu in her hand. Both watched each other for a few moments during which nonverbal messages were exchanged.

“I’ll leave the menu and will return in a minute to take your order.” Said the girl with a distinct accent that Esteban recognized as Caribbean. As she moved momentarily away to go to the kitchen the boy followed her with his eyes. Of medium height what drew his attention as he watched her from behind were her bulging buttocks and shapely legs, all but obscured by the brown uniform undoubtedly provided by the bar.

The girl returned after a while and Esteban could see her at his will. The breasts were swollen and her brown arms beautiful. The young man watched her face and their eyes met during an intense moment. The girl’s eyes were dark, large and beautiful. Her regular features were nice and she had a wide smile. Her long blackened hair cascaded over her shoulders framing her face. Esteban replied with a smile and ordered his dinner.

After about twenty minutes the girl brought the ordered food and drink. Her hands were filled with the dishes and Esteban helped her to place things on the table. For a moment both hands made contact. Esteban continued that contact a split second longer than necessary and the girl did not withdraw her hand.

“What is your name?”

“Luz.”

“A very beautiful name.”

Luz flashed a beautiful smile.

“And, what’s your name?”

“Esteban. Tell me. You have a very nice accent. Where are you from?”

“I´m Colombian.”

“Where from. Bogota, Medellin, Cali?”

“A small town near Bogota.”

“What you do in Buenos Aires?”

“I´m studying Medicine …the rest you can see it. What about you? Are you from Buenos Aires?”

“No. I was born in a province in the northern part of the country.”

“And are all blond and blue-eyed in your province?”

“Not all. I am of Polish descend. There are many Slavs and people from other European countries in Misiones.”

At that time someone called Luz from the kitchen.

“Yes. I’ll be right there.” She replied in a loud voice and began to retreat.

“Wait.” Begged him.

“I’m busy right now. I´ll return to remove the dishes in a minute.”

 

 

“Valentina” Romance erótico interracial

Keywords:novela erótica interracial, novela erótica sadomasoquista,BDSM

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Sinopsis:

Esta novela te hará explorar tus fantasías más íntimas e inconfesables, aquellas que tienes clausurados bajo tabúes sociales. Seas hombre o mujer ponerlas a la luz de tu conciencia y de tus deseos tendrá un efecto liberador.
A partir de un noviazgo contemporáneo ingenuo un hombre joven tiene tormentosas relaciones sexuales que involucran episodios eróticos de carácter sadomasoquista. Una muchacha inmigrante afro-colombiana hará lo que haga falta para conquistarlo.
Imposible leer esta novela sin reexaminar tus verdaderas inclinaciones en temas ocultos y profundos.

Su lectura te atrapará.

Extracto:

Capítulo 1

Se apeó del viejo Fiat que había comprado seis semanas atrás y al cerrar su puerta acarició involuntariamente el cristal de la misma. Un gesto de cariño por el vehículo cuya adquisición había transformado su rutina diaria dejándole libres casi cuatro horas que antes le insumían sus viajes a su trabajo situado en la provincia de Buenos Aires. Junto con el alquiler de un pequeño y antiguo apartamento en el barrio de Constitución eran sus mayores logros desde su llegada de su provincia natal. Cierto que el edificio de cuatro plantas sin ascensor se hallaba en una zona decadente habitada por inmigrantes en su mayoría indocumentados, que ocupaban ilegalmente ruinosas viviendas no reclamadas por sus dueños quizás por complicados problemas legales. La desidia de los ocupantes se revelaba en los montones de basura arrojados en las veredas, los contenedores de residuos saqueados en busca de quien sabe qué objetos y las botellas de cerveza que se apilaban en ciertas esquinas. En los atardeceres los sufridos viejos habitantes del barrio se encerraban en sus casas y las calles eran invadidas por travestis, prostitutas dominicanas y probablemente revendedores de drogas.
Comparado con su vida tranquila en su zona rural natal la comparación de su actual medio ambiente podía ser a primera vista frustrante, pero a él le satisfacía como primera plataforma de lo que había logrado por sus propios medios, separado del clima familiar.
Esteban Dubanowski había nacido en la lejana Provincia de Misiones, una especie de cuña entre las fronteras de Brasil y Paraguay separada de ambos por ríos caudalosos. Allí había nacido veintitrés años antes en una chacra, es decir una granja familiar en una colonia de agricultores de origen mayoritariamente polaco y ruso, dos de las tantas colectividades que poblaban dicha provincia norteña. Al llegar a la mayoría de edad le resultó evidente que debía emigrar ya que el establecimiento no permitía sostener a la familia integrada por sus padres y ocho hermanos. Ya su hermano mayor Gregorio había emigrado a Foz de Iguazú, en Brasil, donde se había casado con una mujer de origen árabe con la cual había constituido una familia que ya incluía tres hijos.
Gregorio lo había instado a mudarse cerca de él pero Esteban había preferido viajar a Rosario, en la Provincia de Santa Fe, para completar sus estudios universitarios. Había residido allí cuatro años hasta obtener su diploma de licenciado en diseño industrial. Luego había decidido dar el gran salto y probar suerte en Buenos Aires, la gran metrópolis del país y destino soñado de muchos jóvenes inquietos de las provincias y países colindantes.
Al llegar a la ciudad había conseguido un trabajo en una fábrica metalúrgica en el tercer cinturón del conurbano bonaerense, distante unos treinta kilómetros de su casa, para llegar al cual debía tomar tres medios de transporte que en total le insumían dos horas de ida y otras tantos de regreso, en horas de gran tráfico y por consiguiente en condiciones de hacinamiento. Pero con la compra del vehículo eso había quedado atrás.
Al llegar a su apartamento se preparó un café, se recostó en la cama, ya que el mobiliario que había podido comprar no incluía por el momento una silla, y prendió el televisor que había comprado de segunda mano. La película que estaban dando mostraba una escena de amor de elevado contenido erótico y Esteban notó que tenía una fugaz erección; para enfriar sus pensamientos decidió tomar una ducha de inmediato, aunque habitualmente lo hacía por las noches, antes de irse a dormir.
Al salir del baño se dio cuenta que los pensamientos seguían siendo los mismos, y que la excitación sexual no iba a calmarse entre las cuatro paredes de su vivienda. Se vistió y salió a caminar un rato. Dado que no tenía nada de comida en la desvencijada nevera resolvió cenar temprano en una especie de café-restaurant de ínfima categoría a tres cuadras, pero antes caminaría un poco y viviría más de cerca la dudosa atmósfera del vecindario.
A poco andar se le acercó un travesti pintarrajeado de mediana edad. Su visión le produjo un cierto rechazo instintivo e intentó apartarse de su paso sin éxito.
-Hola grandote. ¿No quieres probar algo que no olvidarás en tu vida?- Le dijo el callejero. Notando su erección intentó manotear la bragueta pero Esteban lo apartó con rudeza y prosiguió su camino dejando al prostituto musitando improperios y amenazas. Reconoció en sí mismo un grado de disgusto que intentó controlar para no dar lugar a prejuicios que su mente rechazaba.
Un par de cuadras más allá un veterana prostituta negra de carnes abundantes, posiblemente de origen dominicano, le guiñó un ojo e interceptando su camino le susurró.
-Hola rubio. ¿No quieres probar una negra? Te voy a exprimir en la cama como a un limón. Ven, acaricia mi piel.- Dijo exponiendo su rollizo muslo.
En realidad Esteban había debutado sexualmente cerca de su pueblo con una afro-brasileña bastante mayor que él y la experiencia había sido inolvidable, tanto por ser su primera vez como por el ardor increíble de la mujer, con la cual había tenidos sexo varias veces más en años sucesivos. Sin embargo sacudió su cabeza como para espantar sus ideas y siguió su camino. Nunca había pagado por sexo y se había propuesto no hacerlo jamás. Esperaría que se presentara otra circunstancia para satisfacer sus deseos.
Finalmente, luego de una media hora de caminata en la que presenció varios acontecimientos, entre los que se contaban una pelea entre dos adolescentes borrachos que terminaron siendo separados por vecinos y la acción de un policía que tenían a dos muchachos sentados en una esquina a la espera de la llegada del patrullero que los llevaría a la comisaría posiblemente bajo la acusación de intento de robo. Ya estaba regresando a las cercanías de su casa cuando visualizó el bar donde había proyectado cenar. Cansado de la jornada de trabajo y la caminata se sentó en una de las mesas cercana a una ventana, lo que le permitía observar el movimiento de la calle, que se iba haciendo más escaso al caer las sombras de la noche.
Una camarera se le acercó con el menú en la mano. Ambos se observaron durante unos instantes en los que intercambiaron mensajes no verbales.
-Te dejo el menú. Ya regreso para atenderte.- Le dijo la muchacha con un evidente acento que a Esteban le sonó caribeño. Al alejarse momentáneamente para ir a la cocina el muchacho la siguió con la mirada. De estatura mediana lo que llamaba la atención vista desde atrás era su trasero abultado y sus piernas bien formadas, todo ello sin embargo disimulado por el uniforme marrón sin duda provisto por el bar.
La muchacha retornó al cabo de un rato y Esteban pudo verla de frente. Los senos eran turgentes y sus brazos morenos hermosos. El joven observó su rostro y sus miradas se cruzaron durante un instante intenso. Los ojos de la muchacha eran oscuros, grandes y bellos. Sus facciones regulares eran bonitas y su sonrisa amplia. Su largos cabellos renegridos caían en cascada sobre sus hombros enmarcando su cara. Esteban respondió con una sonrisa y ordenó su cena.
Al cabo de unos veinte minutos la muchacha trajo el plato ordenado y la bebida. Sus manos estaban colmadas y Esteban la ayudó a depositar las cosas sobre la mesa. Durante un instante las manos de ambos tomaron contacto. Esteban prolongó ese contacto una fracción de segundo más de lo necesario y la muchacha no retiró su mano ante el mismo.
-¿Cómo te llamas?
-Luz.
-Muy bonito nombre.
Luz le dedicó una hermosa sonrisa.
-¿Y cómo te llamas tú?
-Esteban. Dime. Tienes un acento muy agradable. ¿De dónde eres?
-Colombiana.
-¿De Bogotá, Medellín, Cali?
-Bogotana.
-¿Y qué haces es Buenos Aires?
-Estudio Medicina…lo demás ya lo ves. Y tú ¿Eres de aquí?
-No. Nací en una provincia en el norte.
-¿Y allá son todos rubios y de ojos claros?
-No todos. Yo soy descendiente de polacos. Hay muchos eslavos y otros europeos en Misiones.
En ese momento llamaron a Luz desde la cocina.
-Sí. Ya voy.- Contestó y comenzó a retirarse.
-Espera.- rogó él.
-Ahorita estoy ocupada. Luego paso a retirar los platos.

Esteban hizo una señal a la muchacha indicándole que le trajera la cuenta. Ella sirvió los cafés que llevaba a un matrimonio de edad sentado unas mesas más allá, se dirigió a la caja y retornó con un papel en sus manos.
Esteban pagó en efectivo y cuando ella se retiraba le preguntó.
-¿A qué hora sales de aquí?
-A las diez o un poco más tarde.- Respondió ella en voz muy baja.
-¿Puedo esperarte?- La muchacha respondió encogiéndose de hombros en un mohín que sugería asentimiento.