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Episodio 1

 

 

La Provincia de Misiones constituye una cuña entre Brasil y Paraguay, separada casi completamente de ambos por ríos. Se trata del extremo nordeste de la Argentina,  dotado de un  clima  semitropical por estar parcialmente situado al norte del Trópico de Capricornio. Desde fines del siglo XIX, esta provincia  fue poblada por colonos procedentes de toda Europa, diciéndose que existen en la provincia 48 colectividades formadas por los descendientes de los inmigrantes en general europeos, las que se agregaron a la población nativa de criollos, mezcla de los conquistadores españoles y los indígenas guaraníes. A esta población se suman numerosos migrantes paraguayos y brasileños.

Nací en dicha provincia, posiblemente en alguna de las comunidades de origen eslavo que allí se han radicado. Aparentemente fui abandonado al nacer en el portal de una iglesia, de la cual fui transferido a un orfanato, que fue mi verdadero hogar y al cual le debo sin duda haberme apartado de la calle, a  pesar de su precariedad de medios económicos y de la rudeza de las relaciones entre los niños, y entre estos y sus preceptores, que en ciertos casos no excluían el abuso.

Mis recuerdos se remontan a la edad de  aproximadamente diez años, en las clases y juegos en el viejo patio de la institución. Fue para esa época que ingresó como encargada del pabellón de los niños varones la señora Teresa González de Pasiuk, una mujer que es ese momento tenía  treinta  años, de pequeña talla, cuerpo algo delgado pero bien formado, piel trigueña, rostro de facciones correctas y nobles, con ojos y cabello negros y brillantes. Todo su porte delataba el predominio de la sangre castellana, con algún lejano ingrediente de los pueblos originarios de la región   Su carácter era sumamente reservado y poco demostrativo, lo cual quizás era un requisito para el desempeño de sus funciones en un medio revoltoso. Esta mujer tendría una influencia decisiva en mi  vida.

La Sra. González, o simplemente la Señora, como la llamaban todos, me tomó un particular aprecio que se preocupó por ocultar seguramente para evitar habladurías sobre preferencias y trato desigual con los demás niños, pero que yo podía sin embargo percibir, principalmente en los pocos momentos en que nos encontrábamos juntos y un tanto separados del resto de los pupilos. Esta protección velada  me evitó ser blanco de burlas o malos tratos por los otros niños más grandes, siendo que yo era uno de los pupilos de tez clara en el grupo. Más adelante, mi talla, superior a la de los demás niños, mi robusta contextura física y la adquisición de rudimentarios pero efectivos métodos de defensa por mi parte disuadieron a posibles hostigadores haciendo innecesaria toda protección física.

Como aprendí después, el ingreso de Teresa González al instituto produjo una cierta convulsión entre los directivos de la institución; ciertas trapisondas que tenían lugar con la compra de elementos de uso diario fueron cortados de raíz, se enfatizó el control del estado sanitario de los internos, que antes había estado bastante descuidado, no cumpliéndose incluso con los calendarios de vacunación y por último, la educación experimentó una mejora sustancial, seguida de cerca por la nueva encargada, docente de profesión. Todo esto le ganó un respeto indiscutido a la vez que rencores desde el comienzo de su gestión.

La mujer, de fuerte personalidad y  en pleno uso del rol de autoridad que le había sido conferido, mantenía a raya a los muchachos más salvajes y agresivos, incluyendo la toma de medidas de disciplina draconianas en casos extremos. Eran en general los niños más débiles o nuevos los que se beneficiaban con esta actitud, pero yo siempre sentía que en mi caso había algo más. Su forma de acariciar mi cabeza cuando nadie observaba  me creaba por un lado una sensación de seguridad  y por otro un agradable cosquilleo, que se fue acentuando con el paso de algunos años. Los niños es este tipo de establecimientos rara vez reciben una caricia u otra muestra de afecto.

Cierta vez, tres pupilos que me venían molestando desde hacía algún tiempo me tendieron una celada en el parque cercano; eran acontecimientos usuales de pandillas internas, que buscaban establecer cierto tipo de liderazgo, pero yo me defendí fieramente y conseguí lastimarlos de consideración, a la vez que recibí numerosas cortaduras y magullones. Alertados por otros niños aparecieron la señora y dos preceptores que consiguieron desenredarnos con esfuerzo. La mujer se acercó a mí y observó preocupada las lastimaduras en mi cara y cuero cabelludo, limpiando una herida cortante en una ceja con su pañuelo. Luego miró a los tres agresores, y al verlos sangrantes y con sus caras hinchadas, creí notar un destello fugaz en sus ojos oscuros, que interpreté como signo de orgullo.

 

Más adelante, contando yo doce años, mi destino tuvo un giro que sería decisivo en mi vida. Los niños del orfanato fueron llevados en un ómnibus a conocer unas ruinas jesuíticas situadas a unos cien kilómetros de distancia. La Sra. González, que se había mostrado nerviosa  y taciturna en los días anteriores, comunicó que debía quedarse para organizar un inventario de útiles de la escuela que funcionaba en el establecimiento y decidió que yo me quedase también para ayudarla en la tarea. Lógicamente me sentí un tanto frustrado por perderme uno de los pocos paseos que se realizaban a lo largo de cada año, pero las decisiones de la señora no eran discutidas;  además, la expectativa de quedarme a solas con ella no me desagradaba; por el contrario, al reflexionar sobre la situación me fue invadiendo una mezcla de curiosidad y ansiedad.

Todos los demás niños y adultos del lugar partieron pues y quedamos los dos solos en el extenso predio.

Luego de realizar el recuento de elementos en la escuela, lo que nos llevó a lo sumo un par de horas, la señora me expresó que debíamos ir al dormitorio de varones para constatar si allí había elementos adicionales que inventariar. El cielo se había ido cubriendo de espesas nubes que prometían una de las tormentas no raras en esa parte del año. Terminada esta tarea, que demandó no más de media hora adicional, la mujer, a quien notaba particularmente desasosegada, me dijo que estaba cansada y se sentó en mi lecho, indicándome que hiciera lo mismo a su lado. Las camas estaban organizadas en largas filas con angostos pasillos en el medio. Así  permanecimos uno junto al otro durante varios minutos, en la penumbra del dormitorio, que contaba con pocas ventanas. Al principio estaba yo expectante de lo que ella pudiera hacer pero el tiempo pasó sin alternativas. Poco a poco se hizo  evidente para mí que la mujer estaba en un profundo estado de lucha interior, el que se me comunicó en forma de agitación. Sentía su pierna al lado de la mía y su cuerpo irradiaba calor. La sensación era placentera a la vez que inusitada; como he dicho antes, los niños abandonados no suelen tener proximidad física de otras personas, al menos  sin ánimo agresivo.

Entre tanto, varios relámpagos iluminaron el cielo y su luz ingresó por las estrechas ventanas. Una ráfaga de viento fresco entró por las mismas mientras se oía el ruido de una lluvia torrencial que comenzaba a golpetear sobre los techos de chapas de los edificios.

Inesperadamente, como bajo el influjo de los eventos eléctricos de afuera, la señora rompió su estado de ensimismamiento. Pasó  su mano por mi cabeza, diciéndome que le agradaban mis cabellos rubios, pero las palabras brotaban de sus labios con dificultad; aún para un inexperto como yo era evidente que ella estaba bajo los efectos de una tensión  que cerraba su garganta. La sensación de su mano acariciándome me resultó extremadamente placentera, particularmente en esa sugerente atmósfera de semipenumbra y frescura.

 

Finalmente tomó mi mano izquierda y la apretó entre las suyas, primer contacto voluntario de su piel con la mía. Inmediatamente  sentí un estremecimiento corriendo por mi espina dorsal como una descarga eléctrica. En efecto, el acto era deliberado y no consecuencia de ningún factor externo. Acercó sus labios a mi frente y deslizó un beso breve pero que me resultó pleno de significado, aunque no pudiera entonces precisar cuál. Por primera vez en mi vida me habían besado, y lo había hecho quien se estaba constituyendo en objeto creciente de mis expectativas.

Siguió otro tiempo de quietud, en el cual cada uno procesó las sensaciones de lo ocurrido hasta entonces. La lluvia arreciaba en el exterior, pero las amplias  galerías y porches impedían que a pesar de las ventanas abiertas entrara en el pabellón. Yo observaba  el rostro de la mujer en busca de signos que me preanunciaran lo que seguiría, mientras que ella miraba hacia delante, como si no  desease  observar mis  ojos.

Aún retenía mi mano derecha entre las suyas, y en un momento la colocó sobre su regazo. Allí, con mi palma sobre su falda pude reconocer la forma de su muslo, y entonces experimenté una sensación de carácter diferente a  las que había tenido hasta ese momento; mi cara se ruborizó mientras que en mi ingle comenzó una cierta comezón.

En forma totalmente instintiva, mi mano se deslizó hacia abajo, en dirección a sus rodillas, pero lo hizo con infinita lentitud, ya que por un lado era consciente de mi atrevimiento y por otro quería gozar de cada instante y cada milímetro del curso de mi movimiento. La miré directamente a los ojos, y por vez primera ella desvió su mirada que aún mantenía en una  posición fija hacia el frente, en realidad el vacío, hacia  mis ojos. Una sonrisa apareció en sus labios y sentí que había tomado una resolución firme, que hasta el momento había estado pendiente.

Mi mano llegó eventualmente al borde de su falda, y con la punta de mis dedos, rocé la piel de sus rodillas; como alarmado los retiré, pero luego volví a bajarlos, esta vez con decisión. Su cuerpo no se movió. Yo, alentado por la inexistencia de sanciones o reacciones desfavorables, proseguí mi lenta y amorosa exploración de sus piernas. Acaricié el frente de su rodilla izquierda, y luego la cara interna de la misma, y mientras mi mano proseguía acariciando suavemente su pantorrilla, agaché mi cabeza y besé su rodilla izquierda, luego la derecha, dejando marcas húmedas en su piel. Continué acariciando sus tobillos, y finalmente, abandoné mi posición sobre la cama y me arrodillé a sus pies. Quité su calzado y tomé un pie en mis manos y luego el otro; los pies eran pequeños y de bellas formas, y apenas rebasaban el tamaño de mis manos. La señora al principio pareció sentir cosquillas pero luego se adaptó a la situación. Aproximé mi boca a su empeine y lo besé, así como los distintas partes de cada pie. Y finalmente lamí cada una de sus plantas. La mujer me dejaba hacer, y en momento montó una de sus piernas sobre la otra en una posición femenina: en el movimiento, y dado que mi cabeza estaba a la altura de sus rodillas, pude vislumbrar fugazmente sus muslos y su ropa interior muy blanca.

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Prologue

 

Alex

 

Alex was already asleep on the uncomfortable seat  in front of the door corresponding to his flight, after two hours of wandering around the airport, first to carry out the check-in tasks that the airlines have delegated to travelers and then to dispatch the baggage. The nervous tension that usually accompanies those activities prior to boarding had vanished once he had completed them, giving rise to the great fatigue accumulated during the week before the trip, in which he had had to prepare all the material that he was expected to present at the international convention of the company he worked for and in which he had to show the results of the Argentine affiliate in the previous year. His bosses had placed great expectations on him and had loaded him with recommendations on the points to emphasize in order to highlight the efforts to overcome a year with an unfavorable economic environment in the country. He knew that he had been chosen to represent Argentina because of his knowledge of the company’s activities but above all because of his fluent use of the English language, acquired in the years he had lived in New York, when he was working in his previous job.

The loudspeakers woke him up from his lethargy by announcing the departure of his flight and giving priority to frequent travelers, first class and business class passengers, pregnant women, families with young children and the elderly. Resignedly he got up from his seat and positioned himself in the line that was forming. The young man reflected that luckily he was assigned a seat next to the aisle of the plane, since his long legs did not fit in the narrow window and middle seats.

 

The plane taxied and finally took off so that the next cause of tension was also relieved and the older lady who had not stopped talking to him nervously calmed down and concentrated on reading the on-board magazine with all its banal texts and magnificent photos. Alex closed his eyes and started the unconscious process of reflection that always took place at the beginning of each flight. This time the thoughts did not address the task that had to develop in the convention, which he had already prepared sufficiently and did not show weak points but were rather oriented to relive the events occurred ten years before when he had lived in New York for twenty months. The experience had been very strong for a young man who had just turned twenty-three years in the previous work weeks spent in Caracas, before traveling to the United States. The traveler recognized that at that time the culture shock for the boy born and raised in a middle class neighborhood in Buenos Aires had been very strong and had somehow shaped his personality. On that occasion he had been visited by his then Argentine girlfriend accompanied by her aunt and that four week visit had shortened his loneliness. It was when they returned to Argentina and he found himself alone again that the city of New York devoured and reconfigured his personality with the traits he still retained, a mixture of light and shadow that combined resilience and strength of character with a certain disenchantment that nevertheless did not fall into cynicism.

When he returned to Buenos Aires after that period of training he had married Susana and they had lived together for seven years. The marriage had then been shipwrecked by repeated infidelities on his part that had culminated in his affair with a woman thirty-five years older than Alex who had absorbed him like a sponge. Finally Susana had expelled him out of the house and he had had to send his belongings to his parents’ home and go live with his new partner. Marta was a lady belonging to one of the patrician families of Buenos Aires to such an extent that there was a street in the city carrying her name; she had then imposed on him a new life based on her strict etiquette standards. The woman had an apartment in an exclusive area of the city and liked to show her young partner among her friends of similar social extraction; she did it with discretion and good tact, avoiding any hint of scandal. In bed Marta became transfigured and became a demanding lover who wanted to try all the erotic variants that arose from her readings of oriental love arts. The lady had warned him in advance that she wanted to see all her sexual fantasies fulfilled and was also prepared to satisfy his. Both postulates had been fulfilled in excess and the repertoire carried out by both lovers seemed to have no limit and boredom and routine had never reached them. Despite the physical imprint of their relationship, in an anticlimax Marta had confessed that very much to her regret she had fallen in love with Alex and lived this feeling as a problem. Without a doubt, it would be the woman who would most suffer for the temporary distance produced by the young man’s trip abroad.

Alex’s errant thoughts in his airplane seat addressed a recent event that had unexpectedly occurred. Although he was not a frequent visitor to Facebook, he usually entered his account once or twice a week. About fifteen days before he had been surprised by a request for friendship that made him jump in his chair; even in the doubt of if it was the person that he believed the young man confirmed this request and then all his past was displayed in front of him. Rachel Lewin was a young woman with whom he had a very intimate relationship during his first stay in New York.

The girl, who belonged to a well-to-do Jewish family in Manhattan, had gone to live a few weeks before their first meeting in Brooklyn Heights, in front of the island of Manhattan and the exit of the East River to the sea. In one of the outings to walk by the riverside esplanade called Promenade, Alex had sat on one of the benches of the site. This place had a marked erotic memory for the young man, since several of his conquests in New York had taken place there. He had moved to Brooklyn Heights after a couple of weeks spent in a hotel looking to have a place of his own and save money.

Alex was staring into the skyscrapers of Manhattan and the river water when he noticed a young woman approaching and surprisingly sitting next to him despite the fact that there were other empty benches on the esplanade. The young woman, slightly overweight and with graceful but somewhat vulgar face immediately began a conversation, at first somewhat forced, and then invited him to have a coffee in her apartment, not far from Alex´s home. Just as the boy had anticipated the visit ended up in bed in a love marathon in which he had to employ himself thoroughly to satisfy the seemingly insatiable needs of the woman. Rachel confessed that she had been following him since she had seen him on the street a week before, that she knew of his walks on the Promenade and that had taken advantage of the meeting to force getting in contact. In spite of the flattering nature of the confession, Alex was surprised by the naivety with which the woman had exposed her feelings towards him, undoubtedly tinged somewhat by her romantic and sexual fantasies.

During the entire stay of the boy in New York they had sex on a regular weekly basis, although the boy had let her know that they were not on an exclusive basis.

 

After the first contact on Facebook the woman had sent him messages almost daily, not always answered by Alex, in which she made known her desire to meet him again; Rachel had even declared herself willing to travel to Buenos Aires for that purpose, until the man had finally let her know that he was moving to New York for work reasons, although he had not communicated the exact date, to avoid creating himself an obligation as soon as he arrived in the city. The woman’s response was immediate.

Zulú

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Capítulo 6

 

Michael

 

El joven decidió usar el tiempo disponible en el fin de semana para averiguar el paradero  de varias personas con las que había estado sentimentalmente relacionado diez años atrás. El verdadero propósito de Alex era constatar si los recuerdos que tenía de aquella época aún conservaban validez.

El sábado Alex se levantó más tarde que lo habitual. Su mente estaba en paz y tenía razones sobradas para estar satisfecho con su vida tanto en el ámbito laboral como en el sentimental. Esa mañana desayunó y salió a caminar por Brooklyn Heights ya que había descubierto que había adquirido una cierta aversión a realizar viajes innecesarios por la ciudad usando medios públicos de transporte, dado que los debía utilizar todos los días de la semana laboral para ir a su trabajo. Salió a pasear sin rumbo por su zona y caminó un rato por el Promenade, la amplia explanada que bordea el East River con una visión espectacular de la parte sud de Manhattan. Sus pasos no tenían un sentido claro más allá de la caminata pero Alex se dio cuenta que lo empujaban insensiblemente en una dirección vagamente familiar en Montague Street. Venciendo su ansiedad miró las casas que se sucedían hasta que encontró por fin la que le resultaba conocida. Subiendo la escalera de cinco peldaños se acercó a la puerta y atisbó desde uno de sus cristales los buzones que se hallaban en el interior del pasillo. Forzando un poco la vista intentó buscar uno de los casilleros que estuviera rotulado como Peter Strauss.

Peter había sido su primera relación neoyorquina diez años atrás, cuando Susana, entonces su novia, había regresado a Buenos Aires con su tía, dejándolo solo en la inmensa urbe luego de una permanencia en su apartamento de Henry Street durante varios meses. El sentimiento de soledad de Alex en aquel momento había sido intenso, ya que era un joven de una clase media de relativamente timorata arrojado en medio de la inmensa urbe neoyorquina. Caminando por el Promenade había conocido a Peter quien se encontraba paseando a su pequeño perrito faldero y se había acercado a él con algún pretexto ahora olvidado.

Aunque Peter tenía una pareja gay llamado John, había visualizado de inmediato al joven errabundo y había detectado su vulnerabilidad emocional. Ese mismo día lo había llevado a tomar el té en su casa y habían terminado en el lecho, en una experiencia gay inédita para Alex. Durante un tiempo corto ambos habían tenido un affaire hasta que surgió Michael, otro gay afroamericano dotado de un  prodigioso instinto sexual que había atrapado a Alex, arrebatándoselo a Peter, a pesar de que eran amigos.

Con esos recuerdos en la mente Alex recorrió los buzones hasta que su corazón dio un vuelco. Uno de los casilleros estaba marcado Apt 3- M.Brown.

En ese momento Alex se percató cual era la razón que había guiado sus pasos hasta la casa de Montague Street. Sin vacilar apretó el timbre del apartamento 3 y esperó ansioso el resultado.

Al cabo de unos instantes respondió por el parlante del portero eléctrico una voz que el visitante reconoció de inmediato.

-¡Hola! ¿Quién es?- Insistió la voz desde el interior.

El muchacho sintió que se había formado un nudo en su garganta y tuvo que forzar su voz para decir.

-Hola Michael. Soy Alex Bianchi.

Del otro lado siguió un instante de estupor hasta que la voz respondió también afectada por la emoción.

-¡Alex!… ¿eres realmente tú?

 

Ambos hombres se observaron brevemente a través de los vidrios de la puerta de la casa que Michael abrió de inmediato.

– Ven, pronto, pasa.- Dijo tomando a Alex por el brazo e introduciéndolo en el pasillo. Luego, sin pronunciar palabra, lo remolcó literalmente hasta su propio apartamento, que como el joven recordaba se hallaba en la planta baja y del que el dueño había dejado abierta la puerta en su prisa por dar la bienvenida a su visitante. Una vez que ambos se hallaban en el interior el dueño de casa empujó a Alex contra la pared anexa a la puerta y dándole un abrazo le plantó un beso en la boca, que resultó eterno. Cuando el joven pudo liberarse de la cálida recepción y tomaron distancia el uno del otro aprovecharon a mirarse. Alex encontró a su anfitrión ligeramente más gordo,  habiendo ganado diámetro su cintura que ostentaba ahora un vientre amplio, sus caderas sus muslos y sus nalgas, estos últimos prominentes y comparables a los de una mujer. La tez de Michael era más oscura que lo que la memoria del argentino rememoraba y el cabello se hallaba rapado por completo. El dueño de casa se hallaba vestido con una remera y un pantalón de tejido de punto, los que resaltaban sus formas femeninas. Michael aun retenía la cabeza de su visitante entre sus gruesas manos y lo contemplaba tratando de grabar sus rasgos en su memoria.

-El tiempo te ha tratado bien. Estás aun más guapo que cuando te conocí.

-Tengo algunas canas aisladas.

-Lo que te hace más interesante. Además te veo con la musculatura más desarrollada.- Era obvio que el hombre no perdía detalle de aquello que resultaba de su interés. Nuevamente lo abrazó y besó su boca. Mientras lo hacía tomó las manos del joven entre las suyas y las deslizó dentro de la cintura elástica de su pantalón, guiándolas hacia sus glúteos.

-No pierdes el tiempo.- Exclamó Alex con una carcajada.

-Mil veces he soñado con este reencuentro y siempre creí que era imposible.

-Aun no sé si vives solo o acompañado, y que se ha hecho de Peter.

-Ya habré de contar luego.

-¿Luego de que?

-De que te lleve a mi cama y me hagas tuyo.

-¿No vas demasiado rápido? ¿No hace falta mi consentimiento?

Lujuria

Genero: romance eróticoLujuria(2)

Descripción:

 

Después de diez años Alex regresa a Nueva York y sus pasos se encaminan a Brooklyn Heights, donde entonces había tenido una actividad sexual turbulenta pero excitante.

En su nuevo trabajo conoce a Brenda, una belleza afroamericana de la cual queda deslumbrado de inmediato y con la que comienza un tórrido romance.

Sin embargo, los viejos affaires románticos rápidamente afloran y queda envuelto en una seductora y voluptuosa red impregnada de erotismo con personas de ambos sexos que habían sido sus amantes. El joven cree que podrá mantener el equilibrio entre las viejas pasiones y su relación con Brenda.

Sin embargo, debe viajar a Buenos Aires por temas familiares y en el viaje de retorno a Nueva York conoce a Julieta, una joven chilena de la que se enamora perdidamente. Este entramado intrincado de afectos e instintos lo sumerge en un laberinto emocional del cual no consigue escapar.

Lujuria tiene todo lo que su nombre promete; es una novela cargada de un fuerte erotismo que no elude los temas espinosos y te arrastrará en su vértigo sensorial.

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Cristelle-Erotic Romance

Genre: Interracial erotic romance

Cristelle(2)Paperback

Description:

Do you love bwwm interracial romance? Cristelle will awaken your innermost desires and fantasies.

An African and two Haitian young black women live in Buenos Aires, in a completely different ethnic and cultural environment.

They have to adapt to a society that accepts them but of which they often ignore the rules.

In these circumstances they have to make their living and seek love. For these purposes they do not hesitate to resort to magickal means.

A bittersweet novella with high erotic content. You will love it.

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Chapter 1

 

Cristelle

 

The woman checked the time on her cell phone and quickened her pace. She had agreed  to meet the boy at six o’clock in the evening on a street corner of that neighborhood in Congreso and it was already six twenty. It was simply not right to arrive so late on the first date, although in this Saturday afternoon there was not a lot of people walking around the area, so crowded on weekdays. The girl vaguely remembered the photo of the young man named Federico, his light eyes and red hair. The appointment had been made by telephone, after an exchange of mails through one of the dating sites that infested Internet. She remembered that the man had also said he was one meter eighty-five centimeters tall and slender so that she figured he would be readily recognizable as she crossed him on the street, but above these considerations Cristelle was sure the boy would immediately recognize her. Born in Cameroon thirty years earlier her black skin stood out in Buenos Aires, as well as her silhouette with generous curves.

“I have to stick to that diet again. I gained about four kilos lately.” She mused as she arrived at the appointed corner.

The woman did not see him because he was leaning on a wall looking at the opposite direction from which she came, no doubt expecting to see her come from there.

“Hello Cristelle.” Said he. “I´m Federico.”

She looked at him and could not conceal a gesture of satisfaction; everything that the photo and the description on the dating site showed corresponded to reality. The tall and somewhat gawky boy and his face with regular features pleased her from the beginning. Cristelle was happy to have agreed to the appointment.

They were sitting in a cafe near the house where the girl lived. They had been talking with no fixed topic for a while and the woman decided to ask for some further details. With her soft French accent she asked.

“Well, tell me more about yourself, starting with your name and where you are from. That ridiculous nickname you use on the dating site is obviously not true.”

“My complete name is Federico Colombo, and I was born in Pergamino.”

“Excuse my ignorance about geography. Where is that place?”

“In the province of Buenos Aires, about 220 kilometers from the capital.”

“And why did you come to live here?”

“To finish my studies.”

“And don´t you have universities in your hometown?”

“There are two, but they do not have the career that interests me.”

“What career is that?”

“Graphic design.”

“Did you live in Pergamino with your family?”

“Yes, my parents own a small farm there.”

“Do you have any brothers and sisters? Rural families tend to be large.”

“Yes, my two brothers are still finishing high school and help my father in the fields. My older sister is married and is a teacher at a kindergarten in the city.”

“How old are you?”

“Twenty-five, as I wrote in the profile of the site you’ve seen. Except for the name, everything else is true.”

“Do you have a girlfriend in your hometown?”

The boy hesitated a moment.

“No a fiancée or a formal girlfriend. Her name is Vanessa. A girl I have gone out with sometimes.”

“Have you slept with her?”

New hesitation.

“A couple of times.”

The boy made a defensive gesture, implying “That will be it for the moment.”

“ Now tell me about you.”

“ My name Cristelle Mboma. I’m thirty years old and was born in Douala, Cameroon.

“Is that the capital?”

“ No, the administrative capital is Yaoundé. Douala is the economic capital of the country, mostly due to its harbor on the Atlantic Ocean”.

“Are you member of a particular ethnic group? I know that in Africa everything is mixed up.”

“ Not any more than it is here. I belong to the bamileke ethnicity, common in Cameroon.”

“Your accent is French.”

“I come from the French-speaking part of Cameroon, but we also have our own tribal dialect. I studied at the Catholic University for Central Africa, though I did not finish my law studies.”

“When did you arrive in Buenos Aires?”

“ About five years ago.”

“The same as me. That explains your good Spanish. And tell me, why did you leave Cameroon?”

“It’s a very poor country, with little chance of progress. My sisters left the country before me.”

“Where do they live?”

“The oldest in Paris and the second in New York. Only my mother is in Douala.”

“What brought you to Buenos Aires?”

“A work offer in a financial company with clients in Quebec and France. They needed someone who spoke good French…and was cheap enough, I guess.”

“Are you still working there?”

“Oui.”

Federico slid his right hand on the table and placed it on the girl´s hands, caressing them.

“You’ve a very soft skin.”

“ A feature of my race. Yours is hard, you have calluses.”

“Due to all the time I spent helping my father in rural tasks.”

The young man raised her hand and brought it to his lips, kissing it gently.

“You’re very sweet.” She said.

“Your skin is sweet.” Replied the man.

On leaving the cafe Federico offered to accompany the girl to her home, only a couple of blocks away. He took her hand looking at the envious glances of some guys they crossed in the street who surely at that hour in a Saturday afternoon probably went hunting for the night.

“It’s right  here.” Said  Cristelle stopping in front of a door. It was an old apartment house that had been elegant in its time and was very well preserved. Federico also stopped somewhat surprised.

“What is it? ¿You expected me to live in a pigsty?”- Asked the woman. “¿Too good for an African immigrant?”

The boy did not answer; he passed his left arm around her waist and in one smooth motion pulled her close and both moved towards the door of the house, on which the shadows of the night were already falling. For a moment their faces stayed facing each other at close range, until finally the two joined their lips in a long, passionate kiss that conveyed many ardent messages. Cristelle wrapped her arms over the shoulders of the young man, for what she had to stand on her tiptoes despite being a meter seventy tall. Her hand stroked the nape of the man and messed up his hair. Federico’s hand began to scroll down her waist until it reached her bulging buttocks where it stopped.

“Oh.” Said he.“This is glorious.”

“Another feature of my race.”

“I want to know all those features.”

“Don´t you think you’re going too fast?”

The young man was about to answer when behind them was heard a cluck of two women talking loudly as they reached the door of the building. Cristelle pushed the boy apart and sought to place her clothes in order.

Federico looked frustrated by the sudden cut in a romantic moment but his embarrassment gave way to surprise when he noticed that the woman was talking in French with two black young women accompanied by a girl of mixed blood.

“ Federico, let me introduce you my friends Anabelle and Chantal.” Said Cristelle. “He is Federico.”

Both women presented their cheeks and all exchanged friendly kisses as has become a ritual in Argentina.

“And who it is this beauty.” Asked Federico, referring to the blushing girl who hid behind the pants of the woman named Chantal, evidently her mother.

“She is Lourdy, is seven years old and is my daughter.”

After some incidental comments and yielding to curiosity the boy asked.

“Are you all from Cameroon? I ask that because you all have a slight French accent.”

“No. Replied Chantal.” Anabelle and I are Haitian and came ten years ago, and Lourdy was born in Buenos Aires.”

When Chantal ended with the introductions she drew a computed key that opened the building door and the three newcomers joined it.

“I´ll be up in a moment.” Said Cristelle.

“Have you got the key?” Asked Anabelle.

“Yes. Of course.”

When they were alone again Federico passed his arms around the waist of the African girl saying.

“Where have we left…?”

“Stop! They almost caught us once.”

Swirl

Swirl(1)Genre:  Erotica

Find it in all stores: (Amazon, Apple, Kobo, and more): books2read.com/u/478p0A

Synopsis (Description):

This anthology includes five nouvelles written by Louis Alexandre Forestier in recent years on different subjects but with a common denominator: romances between African American women and white men. They are therefore part of the vast Swirl movement. The stories are the following:

Keisha- A Swirl Romance

Do you love bwwm interracial novels? Keisha- A Swirl Romance will awaken your hidden fantasies and satisfy your innermost desires.

A beautiful African American woman meets a young white foreigner in New York City. A torrid affair begins in an environment whose values regarding acceptance of interracial couples are changing. The woman experiences the clash between certain taboos and feels that loose fragments of her life strive to come together.
The couple builds the relationship overcoming adversity from the circumstances in which they live.
A contemporary novellawithshrewdinsights on certain deeply ingrained attitudes that often go unnoticed.

Reading it will thrill you.

Valentina-Psychological Romance

This novel will make you explore your most intimate and shameful fantasies, those that you have closed down under social taboos. Whether you are a man or a woman putting them in the light of your conscience and your desires will have a liberating effect.

Starting from a naive contemporary dating a young man has stormy sexual relations involving twisted episodes of erotic sadomasochistic character. An Afro-Colombian immigrant girl will do whatever it takes to conquer and pull him out of his situation.

Reading this novella will compel you to reexamine your true inclinations in hidden and profound themes. You will experience an awakening.

NubiaMagickal Thriller

An infamous network of human traffickers surrepticiously brings young women from Africa to New York. One of the girls escapes and a fierce womanhunt begins. In the desperate defense of her life the girl puts at stake unsuspected resources. The trafficking organization includes members located in upper echelons of power in the city that tighten the knot around her.
A vibrant thriller of the noir subgenre that will keep you in suspense from the beginning to its dramatic end.

 

Cristelle- An Erotic Romance

Do you love bwwm interracial romance? Cristelle will awaken your innermost desires and fantasies.

An African and two Haitian young black women live in Buenos Aires, in a completely different ethnic and cultural environment.

They have to adapt to a society that accepts them but of which they often ignore the rules.

In these circumstances they have to make their living and seek love. For these purposes they do not hesitate to resort to magickal means.

A bittersweet novella with high erotic content. You will love it.

The Sorceress

An African young woman thrives in New York as the owner of a flower store. As she becomes romantically interested in a young white man she realizes that he is under the influence of a dominatrix of sadistic tendencies owning an agency of escorts. Both women will fight for the man with various weapons including hidden powers, spells, enchantments … and also murder.

 

 

Blue Black Skin

Genre: Interracial erotic romance

Blue Black Skin (3)

Buy it in: Amazon Printed version:  https://www.amazon.com/dp/151903055X

Synopsis:

An infamous network of human traffickers surrepticiously brings young women from Africa to New York. One of the girls escapes and a fierce womanhunt begins. In the desperate defense of her life the girl puts at stake unsuspected resources. The trafficking organization includes members located in upper echelons of power in the city that tighten the knot around her.
A vibrant thriller of the noir subgenre that will keep you in suspense from the beginning to its dramatic end.

 

 

 

“La Hechicera”

Genero: Romance erótico

La hechicera (2)

Cómpralo en:

Amazon Kindle ebooks: https://www.amazon.com/dp/B06ZY63BQK

Sinopsis:

Una muchacha africana prospera en Nueva York con un negocio de flores. Cuando se interesa románticamente por un joven blanco advierte que está bajo la influencia de una dominatrix de tendencias sádicas propietaria de una agencia de escorts. Ambas mujeres lucharán por el hombre con diversas armas que incluyen poderes ocultos, hechizos, encantamientos… y también el asesinato.

“The Sorceress”

Genre: Steamy romanceThe Sorceress

Buy it in:

Amazon Kindle e-books and printed version: https://www.amazon.com/dp/B071DVCJCG

Synopsis:

An African young woman thrives in New York as the owner of a flower store. As she becomes romantically interested in a young white man she realizes that he is under the influence of a dominatrix of sadistic tendencies owning an agency of escorts. Both women will fight for the man with various weapons including hidden powers, spells, enchantments … and also murder.