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Hot Brooklyn Heights- Una novela erótica

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“Interludio Pasional- Antología Erótica”

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Generos: Erótico, sadomasoquista BDSM, interracial

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1

Extracto:

Capítulo 1

 

Se apeó del viejo Fiat que había comprado seis semanas atrás y al cerrar su puerta acarició involuntariamente el cristal de la misma. Un gesto de cariño por el vehículo cuya adquisición había transformado su rutina diaria dejándole libres casi cuatro horas que antes le insumían sus viajes a su trabajo situado en la provincia de Buenos Aires. Junto con el alquiler de un pequeño y antiguo apartamento en el barrio de Constitución eran sus mayores logros desde su llegada de su provincia natal. Cierto que el edificio de cuatro plantas sin ascensor se hallaba en una zona decadente habitada por inmigrantes en su mayoría indocumentados, que ocupaban ilegalmente ruinosas viviendas no reclamadas por sus dueños quizás por complicados problemas legales. La desidia de los ocupantes se revelaba en los montones de basura arrojados en las veredas, los contenedores de residuos saqueados en busca de quien sabe qué objetos y las botellas de cerveza que se apilaban en ciertas esquinas. En los atardeceres los sufridos viejos habitantes del barrio se encerraban en sus casas y las calles eran invadidas por travestis, prostitutas dominicanas y probablemente revendedores de drogas.

Comparado con su vida tranquila en su zona rural natal la comparación de su actual medio ambiente podía ser a primera vista frustrante, pero a él le satisfacía como primera plataforma de lo que había logrado por sus propios medios, separado del clima familiar.

Esteban Dubanowski había nacido en la lejana Provincia de Misiones, una especie de cuña entre las fronteras de Brasil y Paraguay separada de ambos por ríos caudalosos. Allí había nacido veintitrés años antes en una chacra, es decir una granja familiar en una colonia de agricultores de origen mayoritariamente polaco y ruso, dos de las tantas colectividades que poblaban dicha provincia norteña. Al llegar a la mayoría de edad le resultó evidente que debía emigrar ya que el establecimiento no permitía sostener a la familia integrada por sus padres y ocho hermanos. Ya su hermano mayor Gregorio había emigrado a Foz de Iguazú, en Brasil, donde se había casado con una mujer de origen árabe con la cual había constituido una familia que ya incluía tres hijos.

Gregorio lo había instado a mudarse cerca de él pero Esteban había preferido viajar a Rosario, en la Provincia de Santa Fe, para completar sus estudios universitarios. Había residido allí cuatro años hasta obtener su diploma de licenciado en diseño industrial. Luego había decidido dar el gran salto y probar suerte en Buenos Aires, la gran metrópolis del país y destino soñado de muchos jóvenes inquietos de las provincias y países colindantes.

Al llegar a la ciudad había conseguido un trabajo en una fábrica metalúrgica en el tercer cinturón del conurbano bonaerense, distante unos treinta kilómetros de su casa, para llegar al cual debía tomar tres medios de transporte que en total le insumían dos horas de ida y otras tantos de regreso, en horas de gran tráfico y por consiguiente en condiciones de hacinamiento. Pero con la compra del vehículo eso había quedado atrás.

Al llegar a su apartamento se preparó un café, se recostó en la cama, ya que el mobiliario que había podido comprar no incluía por el momento una silla, y prendió el televisor que había comprado de segunda mano. La película que estaban dando mostraba una escena de amor de elevado contenido erótico y Esteban notó que tenía una fugaz erección; para enfriar sus pensamientos decidió tomar una ducha de inmediato, aunque habitualmente lo hacía por las noches, antes de irse a dormir.

Al salir del baño se dio cuenta que los pensamientos seguían siendo los mismos, y que la excitación sexual no iba a calmarse entre las cuatro paredes de su vivienda. Se vistió y salió a caminar un rato. Dado que no tenía nada de comida en la desvencijada nevera resolvió cenar temprano en una especie de café-restaurant de ínfima categoría a tres cuadras, pero antes caminaría un poco y viviría más de cerca la dudosa atmósfera del vecindario.

A poco andar se le acercó un travesti pintarrajeado de mediana edad. Su visión  le produjo un cierto rechazo instintivo e intentó apartarse de su paso sin éxito.

-Hola grandote. ¿No quieres probar algo que no olvidarás en tu vida?- Le dijo el callejero. Notando su erección intentó manotear la bragueta pero Esteban lo apartó con rudeza y prosiguió su camino dejando al prostituto musitando improperios y amenazas. Reconoció en sí mismo un grado de disgusto que intentó controlar para no dar lugar a prejuicios que su mente rechazaba.

Metadatos:

Autor: Louis Alexandre Forestier

Primera Edición: 10/6/2016

Palabras: 63804

Paginas: 262

Títulos relacionados:

Passionate Interlude ( Inglés) 24/6/2016

Valentina (17/3/2016)

Nubia- Romance Magicko (17/5/2016)

Cristelle- Romance Erótico Interracial (17/2/2016)

 

Miscelánea:

 

“Nubia- Magickal Thriller”

Find it in Amazon Kindle e-books and printed edition: https://goo.gl/szwY7V

Barnes & Noble nook e-books: http://goo.gl/rxAmjh

Description:

An infamous network of human traffickers surrepticiously brings young women from Africa to New York. One of the girls escapes and a fierce womanhunt begins. In the desperate defense of her life the girl puts at stake unsuspected resources. The trafficking organization includes members located in upper echelons of power in the city that tighten the knot around her. A vibrant thriller of the noir subgenre that will keep you in suspense from the beginning to its dramatic end.

Excerpt:

Prologue

 

The girl ran along the isolated alley not daring to look back; as her high-heeled shoes prevented her from speeding she took them off with a quick gesture and continued her race barefoot running on the cold pavement of the dark street in Harlem. She heard a noise coming from the pursuers following her, three or four burly Africans who had participated in the horrible scene that she was leaving behind. The girl shook her head trying to ward off the recent memory that had shocked her to such an extreme degree. Her pace was very fast, like a woman born and raised in the steppes of Africa who as a child had run alongside their brothers. The woman knew that the heavy human bloodhounds who pursued her would not be able to catch with her and the distance between them widened every second. The same thought the pursuers who were at the end of their breathing capabilities. Several screams were heard, the men were shouting to each other giving orders in their dialect and Alimah trembled guessing what they were saying; without missing a beat she prepared for what she knew was coming next . Three detonations sounded reverberating through the narrow alley. The woman closed her eyes waiting for the result of the shooting. She felt a profound and gnawing pain in the right shoulder. Alimah knew that the bullet had entered her from the back and exited through the front of the shoulder so the blood loss would be twofold. The girl stumbled momentarily but could recover her step. Her father´s face passed fleetingly through her mind. She knew that wherever he was the old warrior would pride of his daughter.

Thoughts from that moment began to fray although her legs still responded to a center of will over which the woman had no longer control, her brain darkened and Alimah passed out. Her body still toured several steps led by inertia and finally rolled between some trash bins resulting in their fall with a great clatter. A bitter cold began to invade her body.

The recent events immediately prior to the persecution paraded through her fevered and delirious mind. What her psyche had been dodging to remember when she was fleeing to avoid its crushing weight now returned to her memory, devoid of the protection of the will. The image of Samwarit, the beautiful Ethiopian girl that had tried to escape with her from the hands of their captors clearly appeared in her memory, as well as Jemal´s, the human beings trafficker band leader in whose hands the girls had fallen with the complicity of the ship captain that had brought them to New York. Alimah recalled the twenty-five day’s journey from the distant port on the Red Sea, located near Port Sudan but devoid of any control by the local authorities. On that ship traveled twenty Ethiopian, Eritrean, Sudanese and Somali women, all young and beautiful, in what undoubtedly was a human trafficking trip linked to prostitution. All were constrained to stay inside two grimy containers within which they sometimes had to do their physiological needs, and out of which they were only allowed to come to breath pure air on deck when the ship was far from shore and out of busy shipping routes .

Upon reaching their destination they had entered the port of New York inside the containers and were carried overnight out of the port area and brought to what they later learned was Harlem. As the area was strongly patrolled by the city police, the women practically were not allowed to leave the abandoned warehouse where they were kept.

“Passional Interlude-Erotic Anthology”

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Amazon- Printed books: http://tinyurl.com/zn3azoj

Passionate Inter

Description:

This anthology includes three books of the author relating to interracial relations. The works belong to the genre of erotic romance and noir novel.
Valentina-Psychological Romance:A young man has stormy sexual relations involving twisted episodes of erotic sadomasochistic character. An Afro-Colombian immigrant girl will do whatever it takes to conquer and pull him out of his situation.

Cristelle-Erotic Romance: An African and two Haitian young black women live in Buenos Aires, in a completely different ethnic and cultural environment.A bittersweet novella with high erotic content.

Nubia-Magickal Suspense:An infamous network of human traffickers surrepticiously brings young women from Africa to New York. One of the girls escapes and a fierce womanhunt begins. In the desperate defense of her life the girl puts at stake unexpected resources.

Exceprt:

Chapter 1

 

The young man got out of the old Fiat that had bought six weeks earlier and as he closed the glass window involuntarily stroked it. A gesture of affection for the vehicle whose acquisition had transformed his daily routine leaving him almost four hours free that were spent before in his trips to his job in a plant located in the Province of Buenos Aires and back. That purchase and the rent of a small old apartment in the neighborhood of Constitution were his greatest achievements since his arrival from his native province. True, the four-storey building with no elevator was in a decaying area inhabited mostly by undocumented immigrants from the surrounding countries, illegally occupying dilapidated housing unclaimed by their owners perhaps due to complicated legal problems. The negligence of the occupants was revealed in the piles of garbage thrown on the sidewalks, waste containers ransacked in search of who knows what objects and beer bottles piled up in certain corners. In the evenings the old neighborhood residents locked themselves in their houses and the streets were invaded by transvestites, Dominican prostitutes and probably drug dealers.

Compared to the quiet life in his native rural area his current environment could be frustrating at first sight, but it satisfied him as a first platform of what he had achieved on his own, once he had abandoned the protection of the family environment.

Esteban Dubanowski had arrived from the distant province of Misiones, a sort of wedge between the borders of Brazil and Paraguay separated from both countries by mighty rivers. He was born twenty-three years before in a chacra, i.e. a family farm part of a colony of farmers mostly of Polish and Russian origin, two of the many communities that populated this northeastern Argentine province. Upon reaching of age it became clear that Esteban had to emigrate because the establishment could not sustain the big family integrated by his parents and eight siblings. Gregorio, his older brother had moved to Foz do Iguaçu, Brazil, where he had married a local woman of Arab origin with whom he had raised a family that already included three children.

Gregorio had urged his brother to move with him but Esteban had preferred to travel to Rosario, in the Province of Santa Fe, to complete his university studies. He had lived four years in that city until he got his bachelor’s degree in industrial design. He had then decided to make the big leap and try his luck in Buenos Aires, the great country metropolis and dream destination of many restless youngsters arriving from provinces and neighboring countries.

Upon reaching the city Esteban had gotten a job in a metal factory in the third suburban belt of the Province of Buenos Aires, distant about thirty kilometers from his home, to reach which he had previously to travel in three consecutive means of transport with a total travel time of two hours and other two hours back in the midst of the rush hour and therefore in overcrowded conditions. But with the purchase of the vehicle all hat was left behind.

As soon as he arrived at his apartment Esteban prepared a coffee and then lay in bed, because the furniture that he had been able to buy up to that moment did not include a chair. He then turned on the TV set he had bought secondhand. The film he was seeing showed a love scene with high erotic content and Esteban noticed that he had a fleeting erection; to cool down his thoughts the young man decided to take a shower, although he usually did that at night immediately before going to bed.

On leaving the bath he realized that his thoughts remained the same, and that his sexual arousal was not going to subside within the four walls of his home. He dressed up and went for a walk. Since there was no food in the rickety fridge the young man decided to have an early dinner in a kind of menial café-restaurant three blocks away, but before eating he would walk a little and feel more closely the dubious atmosphere of the neighborhood.

Soon after he was approached by a middle-aged defaced transvestite.  At his sight Esteban felt a certain instinctive rejection and tried to step away from him without success.

“Hey big guy. Don´t you want to try something you will not forget in your life?” Said the travestite. Noticing the boy´s erection he tried to touch his fly but Esteban pushed him rudely away and went on leaving the prostitute muttering expletives and threats.

“Interludio Pasional- Antología Erótica”

1

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Extracto:

 

Capítulo 1

 

Se apeó del viejo Fiat que había comprado seis semanas atrás y al cerrar su puerta acarició involuntariamente el cristal de la misma. Un gesto de cariño por el vehículo cuya adquisición había transformado su rutina diaria dejándole libres casi cuatro horas que antes le insumían sus viajes a su trabajo situado en la provincia de Buenos Aires. Junto con el alquiler de un pequeño y antiguo apartamento en el barrio de Constitución eran sus mayores logros desde su llegada de su provincia natal. Cierto que el edificio de cuatro plantas sin ascensor se hallaba en una zona decadente habitada por inmigrantes en su mayoría indocumentados, que ocupaban ilegalmente ruinosas viviendas no reclamadas por sus dueños quizás por complicados problemas legales. La desidia de los ocupantes se revelaba en los montones de basura arrojados en las veredas, los contenedores de residuos saqueados en busca de quien sabe qué objetos y las botellas de cerveza que se apilaban en ciertas esquinas. En los atardeceres los sufridos viejos habitantes del barrio se encerraban en sus casas y las calles eran invadidas por travestis, prostitutas dominicanas y probablemente revendedores de drogas.

Comparado con su vida tranquila en su zona rural natal la comparación de su actual medio ambiente podía ser a primera vista frustrante, pero a él le satisfacía como primera plataforma de lo que había logrado por sus propios medios, separado del clima familiar.

Esteban Dubanowski había nacido en la lejana Provincia de Misiones, una especie de cuña entre las fronteras de Brasil y Paraguay separada de ambos por ríos caudalosos. Allí había nacido veintitrés años antes en una chacra, es decir una granja familiar en una colonia de agricultores de origen mayoritariamente polaco y ruso, dos de las tantas colectividades que poblaban dicha provincia norteña. Al llegar a la mayoría de edad le resultó evidente que debía emigrar ya que el establecimiento no permitía sostener a la familia integrada por sus padres y ocho hermanos. Ya su hermano mayor Gregorio había emigrado a Foz de Iguazú, en Brasil, donde se había casado con una mujer de origen árabe con la cual había constituido una familia que ya incluía tres hijos.

Gregorio lo había instado a mudarse cerca de él pero Esteban había preferido viajar a Rosario, en la Provincia de Santa Fe, para completar sus estudios universitarios. Había residido allí cuatro años hasta obtener su diploma de licenciado en diseño industrial. Luego había decidido dar el gran salto y probar suerte en Buenos Aires, la gran metrópolis del país y destino soñado de muchos jóvenes inquietos de las provincias y países colindantes.

Al llegar a la ciudad había conseguido un trabajo en una fábrica metalúrgica en el tercer cinturón del conurbano bonaerense, distante unos treinta kilómetros de su casa, para llegar al cual debía tomar tres medios de transporte que en total le insumían dos horas de ida y otras tantos de regreso, en horas de gran tráfico y por consiguiente en condiciones de hacinamiento. Pero con la compra del vehículo eso había quedado atrás.

Al llegar a su apartamento se preparó un café, se recostó en la cama, ya que el mobiliario que había podido comprar no incluía por el momento una silla, y prendió el televisor que había comprado de segunda mano. La película que estaban dando mostraba una escena de amor de elevado contenido erótico y Esteban notó que tenía una fugaz erección; para enfriar sus pensamientos decidió tomar una ducha de inmediato, aunque habitualmente lo hacía por las noches, antes de irse a dormir.

Al salir del baño se dio cuenta que los pensamientos seguían siendo los mismos, y que la excitación sexual no iba a calmarse entre las cuatro paredes de su vivienda. Se vistió y salió a caminar un rato. Dado que no tenía nada de comida en la desvencijada nevera resolvió cenar temprano en una especie de café-restaurant de ínfima categoría a tres cuadras, pero antes caminaría un poco y viviría más de cerca la dudosa atmósfera del vecindario.

A poco andar se le acercó un travesti pintarrajeado de mediana edad. Su visión  le produjo un cierto rechazo instintivo e intentó apartarse de su paso sin éxito.

-Hola grandote. ¿No quieres probar algo que no olvidarás en tu vida?- Le dijo el callejero. Notando su erección intentó manotear la bragueta pero Esteban lo apartó con rudeza y prosiguió su camino dejando al prostituto musitando improperios y amenazas. Reconoció en sí mismo un grado de disgusto que intentó controlar para no dar lugar a prejuicios que su mente rechazaba.

Un par de cuadras más allá un veterana prostituta negra de carnes abundantes, posiblemente de origen dominicano, le guiñó un ojo e interceptando su camino le susurró.

-Hola rubio. ¿No quieres probar una negra? Te voy a exprimir en la cama como a un limón. Ven, acaricia mi piel.- Dijo exponiendo su rollizo muslo.

En realidad Esteban había debutado sexualmente cerca de su pueblo con una afro-brasileña bastante mayor que él y la experiencia había sido inolvidable, tanto por ser su primera vez como por el ardor increíble de la mujer, con la cual había tenidos sexo varias veces más en años sucesivos.  Sin embargo sacudió su cabeza como para espantar sus ideas y siguió su camino. Nunca había pagado por sexo y se había propuesto no hacerlo jamás. Esperaría que se presentara otra circunstancia para satisfacer sus deseos.

 

Nubia- Suspenso Mágicko

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black gold

Sinopsis:

Una red de trata de personas ingresa jóvenes mujeres procedentes de África en Nueva York. Una de ellas escapa y comienza una feroz cacería humana. En la desesperada defensa de su vida la muchacha pone en juego recursos insospechados. La organización de traficantes incluye miembros situados en altas esferas de poder que aprietan el cerco en torno a la joven.

Un vibrante thriller del género noir que te mantendrá en vilo desde su comienzo hasta su dramático final.

Extracto:

Prólogo

 

La muchacha echó a correr  sin osar mirar hacia atrás; como los zapatos de altos tacos le impedían tomar velocidad  con un rápido gesto se los quitó y continuó su carrera descalza, desplazándose sobre el frío pavimento de la oscura calle de Harlem. Oía tras de sí el ruido de sus perseguidores, tres o cuatro fornidos africanos que habían participado de la horrible escena que estaba dejando atrás. Sacudió la cabeza tratando de alejar el recuerdo reciente que la había shockeado en grado extremo. Su ritmo era sumamente veloz, propio de una mujer nacida y criada en las estepas del África y que había corrido desde niña a la par de sus hermanos varones. Sabía que los pesados sabuesos humanos que la perseguían no podrían darle caza y que la distancia que los separaba se ampliaba a cada segundo. También lo sabían sus perseguidores, ya al extremo de sus fuerzas y de sus posibilidades respiratorias. Se oyeron varios gritos que los hombres intercambiaban entre sí y Alimah tembló sabiendo que ordenes estaban dando; sin perder el ritmo se preparó para lo que iba a venir. Tres detonaciones sonaron reverberando por el estrecho callejón. La mujer cerró los ojos esperando el resultado de los disparos. Sintió un dolor profundísimo y lacerante en el hombro derecho. Sabía que la bala le había entrado por detrás y salido por la parte frontal del hombro por lo que la pérdida de sangre sería doble; trastabilló momentáneamente pero pudo recuperar el paso. La cara de su padre transitó fugazmente por su mente. Sabía que el viejo guerrero estaría en algún lado orgulloso de su hija.

Los pensamientos a partir de ese momento comenzaron a deshilacharse y aunque las piernas aún respondían a algún centro de voluntad sobre el que ya no tenía control, su cerebro se oscureció y Alimah se desvaneció. Su cuerpo aun llevado por la inercia recorrió varios pasos más y finalmente rodó entre unos tachos de basura, produciendo en su caída un gran estrépito. Un frío glacial comenzó a invadir su cuerpo.

En su mente enfebrecida y delirante desfilaron los últimos acontecimientos, inmediatamente previos a la persecución. Lo que su psiquis había estado esquivando recordar cuando huía para evitar que su peso la aplastara, ahora retornaba a su memoria, desprovista de la protección de la voluntad. La imagen de Samwarit, la bella muchacha etíope con la que habían intentado la fuga de manos de sus captores apareció claramente en su memoria, así como la de Jemal, el jefe aparente de los tratantes de personas en cuyo poder habían caído por la traición del capitán del barco que los había traído hasta Nueva York. Recordó la travesía de veinticinco días desde el lejano puerto sobre el Mar Rojo,  cercano a Port Sudán pero desprovisto de todo control de las autoridades. Viajaban veinte mujeres etíopes, eritreas, sudanesas y somalíes, todas jóvenes y bellas, en lo que sin lugar a dudas era un tráfico humano relacionado con la prostitución. Todas estaban constreñidas a permanecer en dos contenedores mugrientos dentro de los cuales a veces debían hacer sus necesidades fisiológicas, y de los cuales sólo se les permitía salir a tomar aire en cubierta cuando el barco se hallaba lejos de la costa y fuera de rutas marítimas concurridas.

Al llegar a su destino las habían ingresado en el puerto de Nueva York dentro de los contenedores, y las fueron a buscar a la noche sacándolas de la zona portuaria y llevándolas a lo que luego sabrían que era el Harlem. Como la zona era patrullada insistentemente por la policía de la ciudad, prácticamente no podían salir del miserable depósito abandonado en que las habían recluido.

Mientras que la mayoría de las muchachas estaban aterradas y se movían como zombis al compás de las órdenes de los hombres que las tenían aprisionadas, Alimah y Samwarit desde el primer momento estuvieron buscando la oportunidad para escapar de su encierro. Había transcurrido ya casi un mes desde su llegada clandestina a Nueva York, y algunas de las mujeres habían sido vendidas a quien sabe que sórdida organización de tratantes, y no habían regresado jamás. Las mujeres recibían sólo un baño y ropas decentes cuando eran exhibidas a ignotos compradores y entregadas a sus nuevos amos.

Un día todas las jóvenes se despertaron un medio de un gran alboroto proveniente de la planta baja del derruido depósito, con gritos de hombres, ruidos de cosas rotas y finalmente disparos y gemidos. Una banda rival había atacado las premisas con el objeto de echar a los recién llegados de lo que consideraban su coto de caza.

Alimah tomó la mano de Samwarit y la llevó por las sucias escaleras que conducían abajo. En los peldaños inferiores yacía uno de los captores agonizante, un negro gigantesco con el rostro y los fornidos brazos llenos de tatuajes. Aún conservaba una navaja en la mano. Amilah empujó con el pie el cuerpo hacia abajo para liberar la escalera y al pasar junto a él tomó el cuchillo en sus propias manos. Sanwarit siempre la seguía tomándose de su falda. En uno de los corredores de la planta baja yacía otro de los secuestradores, con varios impactos de bala en su pecho. La puerta del depósito que daba al callejón se hallaba entreabierta, pero otro cuerpo bloqueaba la entrada. Las dos mujeres saltaron sobre el cadáver y salieron por fin a la ansiada libertad. Corrieron hacia una de las esquinas bajo la vacilante luz del alumbrado y la sangre se les congeló cuando vieron a otro de los matones aparecer dando vuelta a la esquina a menos de cinco pasos de ellas. El hombre quedó aun más sorprendido que las mujeres y no atinó a actuar. Sin vacilar un instante Amilah clavó la afilada daga en su vientre y el hombre se desplomó pesadamente.

Las dos muchachas corrieron desesperadas intentando poner distancia con el sitio de su encierro pero pronto oyeron voces que les resultaban conocidas.

 

 

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Sinopsis:

Una red de trata de personas ingresa jóvenes mujeres procedentes de África en Nueva York. Una de ellas escapa y comienza una feroz cacería humana. En la desesperada defensa de su vida la muchacha pone en juego recursos insospechados. La organización de traficantes incluye miembros situados en altas esferas de poder que aprietan el cerco en torno a la joven.

Un vibrante thriller del género noir que te mantendrá en vilo desde su comienzo hasta su dramático final.

Extracto:

Prólogo

 

La muchacha echó a correr  sin osar mirar hacia atrás; como los zapatos de altos tacos le impedían tomar velocidad  con un rápido gesto se los quitó y continuó su carrera descalza, desplazándose sobre el frío pavimento de la oscura calle de Harlem. Oía tras de sí el ruido de sus perseguidores, tres o cuatro fornidos africanos que habían participado de la horrible escena que estaba dejando atrás. Sacudió la cabeza tratando de alejar el recuerdo reciente que la había shockeado en grado extremo. Su ritmo era sumamente veloz, propio de una mujer nacida y criada en las estepas del África y que había corrido desde niña a la par de sus hermanos varones. Sabía que los pesados sabuesos humanos que la perseguían no podrían darle caza y que la distancia que los separaba se ampliaba a cada segundo. También lo sabían sus perseguidores, ya al extremo de sus fuerzas y de sus posibilidades respiratorias. Se oyeron varios gritos que los hombres intercambiaban entre sí y Alimah tembló sabiendo que ordenes estaban dando; sin perder el ritmo se preparó para lo que iba a venir. Tres detonaciones sonaron reverberando por el estrecho callejón. La mujer cerró los ojos esperando el resultado de los disparos. Sintió un dolor profundísimo y lacerante en el hombro derecho. Sabía que la bala le había entrado por detrás y salido por la parte frontal del hombro por lo que la pérdida de sangre sería doble; trastabilló momentáneamente pero pudo recuperar el paso. La cara de su padre transitó fugazmente por su mente. Sabía que el viejo guerrero estaría en algún lado orgulloso de su hija.

Los pensamientos a partir de ese momento comenzaron a deshilacharse y aunque las piernas aún respondían a algún centro de voluntad sobre el que ya no tenía control, su cerebro se oscureció y Alimah se desvaneció. Su cuerpo aun llevado por la inercia recorrió varios pasos más y finalmente rodó entre unos tachos de basura, produciendo en su caída un gran estrépito. Un frío glacial comenzó a invadir su cuerpo.

En su mente enfebrecida y delirante desfilaron los últimos acontecimientos, inmediatamente previos a la persecución. Lo que su psiquis había estado esquivando recordar cuando huía para evitar que su peso la aplastara, ahora retornaba a su memoria, desprovista de la protección de la voluntad. La imagen de Samwarit, la bella muchacha etíope con la que habían intentado la fuga de manos de sus captores apareció claramente en su memoria, así como la de Jemal, el jefe aparente de los tratantes de personas en cuyo poder habían caído por la traición del capitán del barco que los había traído hasta Nueva York. Recordó la travesía de veinticinco días desde el lejano puerto sobre el Mar Rojo,  cercano a Port Sudán pero desprovisto de todo control de las autoridades. Viajaban veinte mujeres etíopes, eritreas, sudanesas y somalíes, todas jóvenes y bellas, en lo que sin lugar a dudas era un tráfico humano relacionado con la prostitución. Todas estaban constreñidas a permanecer en dos contenedores mugrientos dentro de los cuales a veces debían hacer sus necesidades fisiológicas, y de los cuales sólo se les permitía salir a tomar aire en cubierta cuando el barco se hallaba lejos de la costa y fuera de rutas marítimas concurridas.

Al llegar a su destino las habían ingresado en el puerto de Nueva York dentro de los contenedores, y las fueron a buscar a la noche sacándolas de la zona portuaria y llevándolas a lo que luego sabrían que era el Harlem. Como la zona era patrullada insistentemente por la policía de la ciudad, prácticamente no podían salir del miserable depósito abandonado en que las habían recluido.

Mientras que la mayoría de las muchachas estaban aterradas y se movían como zombis al compás de las órdenes de los hombres que las tenían aprisionadas, Alimah y Samwarit desde el primer momento estuvieron buscando la oportunidad para escapar de su encierro. Había transcurrido ya casi un mes desde su llegada clandestina a Nueva York, y algunas de las mujeres habían sido vendidas a quien sabe que sórdida organización de tratantes, y no habían regresado jamás. Las mujeres recibían sólo un baño y ropas decentes cuando eran exhibidas a ignotos compradores y entregadas a sus nuevos amos.

Un día todas las jóvenes se despertaron un medio de un gran alboroto proveniente de la planta baja del derruido depósito, con gritos de hombres, ruidos de cosas rotas y finalmente disparos y gemidos. Una banda rival había atacado las premisas con el objeto de echar a los recién llegados de lo que consideraban su coto de caza.

Alimah tomó la mano de Samwarit y la llevó por las sucias escaleras que conducían abajo. En los peldaños inferiores yacía uno de los captores agonizante, un negro gigantesco con el rostro y los fornidos brazos llenos de tatuajes. Aún conservaba una navaja en la mano. Amilah empujó con el pie el cuerpo hacia abajo para liberar la escalera y al pasar junto a él tomó el cuchillo en sus propias manos. Sanwarit siempre la seguía tomándose de su falda. En uno de los corredores de la planta baja yacía otro de los secuestradores, con varios impactos de bala en su pecho. La puerta del depósito que daba al callejón se hallaba entreabierta, pero otro cuerpo bloqueaba la entrada. Las dos mujeres saltaron sobre el cadáver y salieron por fin a la ansiada libertad. Corrieron hacia una de las esquinas bajo la vacilante luz del alumbrado y la sangre se les congeló cuando vieron a otro de los matones aparecer dando vuelta a la esquina a menos de cinco pasos de ellas. El hombre quedó aun más sorprendido que las mujeres y no atinó a actuar. Sin vacilar un instante Amilah clavó la afilada daga en su vientre y el hombre se desplomó pesadamente.

Las dos muchachas corrieron desesperadas intentando poner distancia con el sitio de su encierro pero pronto oyeron voces que les resultaban conocidas.